La España anónima supera su propia pereza y cumple el trámite ante la República Checa

Y de pronto España pasó un mal trago ante el rival más débil del grupo, jugando como local, marcando en el minuto cinco y yéndose al descanso con dos goles de ventaja y otro par de ocasiones clarísimas. La campeona del mundo pasó un rato tonto por culpa de sí misma, básicamente por marcharse del partido antes de tiempo, por desenchufarse de la noche y por quedarse con un equipo irreconocible sobre el césped.

 Tras una buena primera parte, se desconectó del partido y pasó un mal rato hasta que Merino resolvió al final con el tercero  

Y de pronto España pasó un mal trago ante el rival más débil del grupo, jugando como local, marcando en el minuto cinco y yéndose al descanso con dos goles de ventaja y otro par de ocasiones clarísimas. La campeona del mundo pasó un rato tonto por culpa de sí misma, básicamente por marcharse del partido antes de tiempo, por desenchufarse de la noche y por quedarse con un equipo irreconocible sobre el césped.

Desnaturalizada, desconectada, anduvo coqueteando con el disgusto, no concretado finalmente porque una pizca de suerte la acompañó en el último tramo. A falta del partido del próximo martes en Croacia, suma pleno, nueve de nueve, y está casi casi clasificada para los cuartos de final. Pero ayer esa suma se produjo de una manera deslucida, insípida, algo que probablemente deba perdonársele a quien va de alegría en alegría desde hace tres años. España no fue España, y aun así ganó. Pues bienvenido sea. Derecho tiene.

Lo más incierto en los partidos de este equipo ocurre casi antes y después, porque durante el asunto está más o menos claro. Hay matices, todos ellos derivados de la oposición o no oposición que le presente el rival. En este caso, en Oviedo, la República Checa no ofreció ninguna resistencia hasta que de repente creyó que podría empatar en el último tramo. El proyecto de Santi Denia no se va a medir, desde luego, por partidos contra España.

Un poco de colocación, un poco de entusiasmo y nada más. Fueron los únicos problemas con los que se encontró España, una España desconocida en algunos tramos del campo. Luis de la Fuente hizo nueve cambios, algo insólito en su trayectoria que le salió mal en su debut (aquel famoso partido de Escocia en marzo de 2023) y que no había vuelto a repetir en partido oficial salvo en la Eurocopa, pero en aquella ocasión con la excusa de que en el tercer partido de la fase de grupos, ante Albania, estaba todo resuelto.

Por cambiar cambió hasta al portero, dejando Unai Simón paso a David Raya, que por supuesto tuvo poco que hacer. La noche, pues, puso sobre el campo a gente muy nueva. Fresneda, el lateral derecho del Sporting de Portugal, y Roberto Fernández, el delantero del Espanyol, se vieron de pronto en el once de la campeona. En un partido sin exigencia no desentonaron, que ya es algo. El lateral bastante tuvo con interpretar a Lamine, mientras que al punta sí se le vio pasarlo un poco peor intentando interpretar los movimientos de sus compañeros, algo que no resulta fácil y que pone de relieve la importancia de un tipo como Oyarzabal.

En todo caso no servirá la noche para sacar conclusiones demasiado fiables. En parte porque, al igual que en todos los partidos de esta serie, Lamine ya había marcado antes de empezar. Bueno, fue en el minuto cinco, pero es para entendernos. Lo hizo con su jugada favorita, esa que le salía casi siempre antes y menos ahora. Enganchó la pelota en la esquina del área, recortó hacia dentro y la puso en la escuadra contraria.

Ahí empezó el monólogo de España, comodísima con el balón y que, pese a dificultades puntuales para encontrar los pases, poco a poco fue amasando opciones. Al margen del gol de Rodri, Olmo tuvo otro par de ellas que bien podrían haberse transformado en una goleada.

En el descanso se quedaron en el vestuario Lamine y Baena, los dos únicos que habían repetido respecto al partido de Sevilla el martes. Y eso, se quiera o no, terminó de desnaturalizar al equipo, pues Yeremy y Víctor Muñoz corren más, pero juegan menos. Producto también de la facilidad en la que parecía instalada la noche, España definitivamente se destensó. Comenzó a jugar andando, sin entusiasmo, y justo después de que el entrenador tratara de cambiar eso metiendo la energía de Fermín y de Merino, la República Checa se coló en el partido.

Lo hizo gracias a un gol de Slama tras una jugada en la que la selección fue incapaz de cortar una sucesión de pases que tampoco fueron nada del otro sábado. Permitieron llegar al lateral izquierdo en carrera hasta la frontal y ponerle un poco de pimienta al asunto. La pregunta, a falta de 20 minutos, era si España sería capaz de volver al partido. Porque lo que estaba claro es que se había ido.

No volvió. De hecho los checos empataron, aunque el árbitro anuló el gol por una falta previa que, en fin… Pero España no volvió. Desnaturalizada y desconectada del partido, no volvió. Y no pasó mayores apuros porque a falta de seis minutos el rival se quedó con uno menos. Mikel Merino, casi en el epílogo, maquilló un poco el resultado.

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