Javier Cámara: «Ser actor es mi fantasía, un personaje que he construido y me ha arrastrado muchas veces al terapeuta para recordar quién soy yo de verdad»

<p><strong>Javier Cámara</strong> (Albelda de Iruega, La Rioja, 1967) es una paradoja del cine en sí misma. Porque no hay en este país nadie que del más genuino de los fracasos haya cosechado tanto éxito y durante tanto tiempo. Son 35 los años de oficio, sin descanso, y son otros tantos los que el dulce y tontorrón fracasado ha sido una de las pieles en las que más se ha ajustado. Al mismo tiempo, no hay grande del cine patrio que no haya ido a buscar a un actor que es la vida en sí misma. <strong>El triunfo y la derrota. La risa y el llanto. Javier y Cámara. Todo uno y aquí mismo.</strong></p>

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 La carrera del actor ha supuesto un salto desde los más genuinos fracasados hasta la cima del gremio actoral de nuestro país. Ahora repite a las órdenes de Cesc Gay en 53 domingos, una exploración de las relaciones familiares en forma de película  

Javier Cámara (Albelda de Iruega, La Rioja, 1967) es una paradoja del cine en sí misma. Porque no hay en este país nadie que del más genuino de los fracasos haya cosechado tanto éxito y durante tanto tiempo. Son 35 los años de oficio, sin descanso, y son otros tantos los que el dulce y tontorrón fracasado ha sido una de las pieles en las que más se ha ajustado. Al mismo tiempo, no hay grande del cine patrio que no haya ido a buscar a un actor que es la vida en sí misma. El triunfo y la derrota. La risa y el llanto. Javier y Cámara. Todo uno y aquí mismo.

«Es verdad que he incidido mucho en el fracaso, pero yo soy un persona con mucho éxito. He tenido mucha suerte en la vida aunque imagino que tengo también algo de talento para llevar tantos años aquí y sostenerme», dice quien hace unas semanas, con el más puro fracasado, ganó su tercer Feroz gracias a Yakarta y está a punto de estrenar en Netflix 53 domingos, una exploración más de Cesc Gay sobre las relaciones humanas en forma de película. En este caso, analiza la idiosincrasia familiar a través de un trío de hermanos: el opulento y exitoso (Javier Gutiérrez), la triunfadora y reprimida (Carmen Machi) y, claro, el mordaz fracasado (Javier Cámara); y enfrente, un padre que empieza a no poder enfrentarse solo a la vida.

Como el fracaso, la introspección familiar ha empezado en esta cincuentena a ser constante en los proyectos de Javier Cámara. Está en los citados Yakarta y 53 domingos. También estaba en el montaje teatral Vania x Vania, en El olvido que seremos y hasta en la trilogía de Juan Carrasco. «Imagino que es algo generacional hablar de quién eres, de dónde vienes», expone. Y vuelve: «También es cierto que ya tengo una edad y puedo ser entrenador, padre e, incluso, abuelo. También puedo encarnar a personas divorciadas, enamoradas, separadas… personas con mucho más conflictos que cuando tenía veintitantos. No sé si lo de la familia es una decisión mía o que me buscan para ello. A mí es que me gusta complicarme la vida en las películas. En la vida real no, pero en las películas cada día más».

¿Cómo ha sido esa transición a los personajes maduros?
Porque tengo ya 59 años y en mi vida ha pasado de todo. Se te muere o enferma gente cercana, hay amigos que no vuelves a ver en muchos años, tienes amores y desamores. Con 59 años no puedes huir de que la vida te pase por encima varias veces. Y al que no le haya pasado, será peor actor.
¿Diría en ese caso que es usted mejor actor en este momento?
Yo me guío por una frase de Fernando Fernán Gómez que decía que hasta una edad bastante provecta no hay que examinar cómo ha ido la vida ni cómo eres actuando. Ahí es hacer, hacer, hacer y ya la vida te dirá si mereces premios o si te siguen llamando. A mí eso me tranquilizó, desde que empecé tuve claro que no iba a ser yo quien me juzgara. Ahora, con 59 años, me pillas más relajado, me importa mucho menos todo y me enfrento a los personajes desde una mayor relajación. Eso me hace ser más eficaz, más cariñoso y relajar las tensiones en un rodaje.
¿En esta trama familiar ha encontrado algo de sí mismo? ¿Ha encontrado al actual Javier?
Mi madre tiene 94 años y tengo dos hermanas que están en el pueblo ocupándose de ella. Yo a veces me siento muy lejos estando en Madrid, aunque siempre paso las vacaciones con ella. La trama de esta historia me interpela absolutamente, qué hacer con un padre de 89 años que empieza a hacer cosas que no son coherentes. La suerte de mi familia es que, con 94 años, mi madre es la más lúcida. Esto pertenece a ese género de diván, tres hermanos hablando de la vida, de la muerte y de la hermandad. Además, a mí los platós me fascinan, yo me no hubiera ido nunca de 7 vidas si el sistema me hubiese permitido hacer otras cosas. Me fui porque llegó Almodóvar y, aún así, lo llevé fatal. Soy consciente de que soy un actor de plató, no me interesa nada la acción. Para mí, subir 17 escalones ya es una película de acción.

«Yo quiero ser un actor popular con el talento de López Vázquez o Landa. Ojalá merezca estar donde están ellos»

Ahora es el momento en el que me va a decir que, además, ya tiene casi 60 años para esas cosas.
Hay mucha gente con 60 años que está guapísima, pero yo tengo el menisco roto y me cuesta correr. Para mí, Yakarta era casi una serie de acción. Nunca pensé que a estas alturas estaría aquí donde estoy, y eso que empecé fuerte con Pajares. Fui muy rápido alguien muy popular y no lo supe manejar bien. Trabajé con Lina Morgan, con José Sacristán, con Alberto San Juan. Mi carrera iba por un lugar plagado de curas, de popularidad y de televisión, pero me encontré con un montón de gente talentosa y me convertí en lo que soy hoy, que no sé si está bien o mal. En eso tiene mucho que ver Santiago Segura, que fue el primero que me puso en el cine de ahora con Torrente, para mí la mejor obra de costumbrismo de nuestro tiempo, heredera de Azcona y Berlanga.
Hay algo en este país con el concepto de actor popular, que es una definición muy precisa suya, que parece que tiene una connotación peyorativa.
Es imposible separarse de lo popular y, además, es maravilloso ser popular. Que llenas teatros, coño, la gente va a verte. Carmen Machi y Javier Gutiérrez son un buen ejemplo, actores absolutamente populares y tremendamente talentosos. ¿Cuál es el problema? A mí siempre me ha fascinado ser un actor popular. José Luis López Vázquez era el tío, el cuñado y el padrino de bodas de toda España. ¿Eso es malo? Fernando Rey, Paco Rabal, Alfredo Landa, José Sacristán, Pepe Isbert, María Luisa Ponte, Manuel Alexandre, Florinda Chico… todos son populares. Son actores absolutamente nuestros. Yo quiero ser un actor popular como ellos porque no hay palabras para definir su talento. Robert De Niro te puede dar tres caras, López Vázquez te daba 15, y todas brillantes. Ojalá merezca estar donde ellos estuvieron, ser su sobrino putativo. Aunque creo que aún soy joven para merecerlo.
En esta película aparecen, entremezclados en el relato familiar, muchos de los problemas sociales de nuestro tiempo: la vivienda, los discursos ultra y homófobos… Venimos de unos Goya muy políticos y está el debate de si ahora se exige a los artistas una posición política excesiva.
Uno tiene que decir lo que siente y lo que le apetece, yo creo que puedo decir lo que me apetezca y dar mi opinión política sin pensar en que me van a juzgar o que me van a dejar sin trabajo. En este oficio hay gente políticamente muy bien posicionada, que se pronuncia muy bien y yo les aplaudo. Me parece terrible que un actor con un micrófono delante no pueda dar su opinión porque alguien le vaya a juzgar. Mira, defender los derechos humanos y la vida no es posicionarte políticamente, es un deber como humano.

«Es sanísimo y un aire fresco brutal que haya tantas mujeres con talento dirigiendo. No entiendo las quejas en la industria»

El punto era si siente que se les fuerza.
Eso está en el fuero interno de cada uno y siempre tienes la posibilidad de callarte. Es verdad que a veces te preguntan por cosas sobre las que igual no tienes una opinión muy clara. Pues te callas. Quiero decir, que ya somos mayores, las películas que defendemos tienen su opinión política y al trabajar, estás dando una opinión. Solo hay que ver mi trayectoria vital. Como diría Meryl Streep, no les voy a contar quien soy yo, pero en un 5% de cada película he dejado mi alma. Si las juntan todas, ese soy yo.
¿Qué importancia tienen esas cuestiones para usted a la hora de aceptar un proyecto?
Es algo muy importante, pero también hay personajes que no entiendes y son malvados. Defender personajes autoritarios está bien para ver si hay algo de eso dentro de ti. Eso también es ponerte a prueba y no quiere decir que por estar en esa piel seas una mala persona. Esto me parece muy interesante, saber qué te mueve como actor. A mí me gusta esta profesión porque me ha hecho hacerme muchas preguntas. En esta película he tenido que dar respuestas sobre la familia que no hubiera dado en mi vida personal, pero está bien defender eso y hacerlo veraz porque a veces descubres cosas tuyas que no conocías. Hay millones de personas que no se ponen nunca en la piel del resto y eso es el horror. ¿Cómo puedes ir por la calle y no ponerte en la piel de otro que está sufriendo? Eso no es posicionarse, por dios, eso es humanidad. Habrá gente que piense que mis opiniones son una mierda, pues qué le voy a hacer.
¿Su carrera actoral le ha llevado a entenderse mejor? ¿A descubrir quién era realmente usted?
Esta profesión me ha dado más de lo que yo le he dado a ella y siempre me lo he pasado muy bien. Ser actor es mi fantasía, mi vida paralela, un personaje que me he construido para las entrevistas que me ha arrastrado muchas veces al terapeuta para recordar quién soy yo de verdad. Nunca me llevo los personajes a casa, pero la gente siempre espera algo de ti. Cuando eres un actor de comedia muy popular, la gente te sonríe en un semáforo, tengas o no un buen día. Es verdad que, al menos, te sonríen. Yo tengo la sensación de que sigo siendo un chaval de pueblo que fracasó en el colegio, pero han pasado 35 años. No tengo 59 años mentalmente, pero mi rodilla dolorida me lo deja claro cada mañana.
Tengo la sensación de que hay algo de aquel chaval relacionado con el fracaso que sigue dentro de usted.
Puede ser, porque en este oficio si piensas que todo va a ser un fracaso vas con cierta tranquilidad. Qué responsabilidad pensar que solo haces obras maestras. Llevo treinta y tantos años en esto y esa es mi mochila. El día que piense que ya he llegado a lo más alto, para qué seguir. Nunca he estado interesado en la fama, es bastante molesto que estén todo el rato mirándote por la calle aunque conmigo sean cariñosos. Yo siempre soñé con ser actor de teatro, formar una familia creativa y encontrar cosas dentro de mí. Luego me llegaron el cine y la televisión, pero estoy rodeado de talento. Hay tanto talento en este país que solo quiero trabajar con ellos. Pienso en Alauda Ruiz de Azúa o en Álvaro y Ángela Cervantes. Gente que ha llegado hasta aquí poquito a poco, escribiendo despacito, pasando penurias y que ahora salen adelante. Sobre todo, las directoras.
Ahora, en una parte de esta industria, se ha instalado el discurso de que esas mujeres directoras encuentran más facilidades que los directores hombres para trabajar.
Yo no pienso eso en absoluto. Esa mujeres han llegado a la industria por méritos propios, y todavía tienen que llegar muchas más. El día que tengan una paridad del 50% será maravilloso, pero todavía les queda mucho. Si ya molesta que sean un 30%, bienvenidas sean. Está más complicado para los directores, claro, porque un montón de mujeres que quieren dirigir por fin pueden hacerlo. No entiendo las quejas, de verdad. Digo yo que también se merecerán hacer ellas sus películas, ¿no? Quizá un hombre no va a tener todo el dinero que tenía, pues igual es que hay que dividirlo para que todos podamos hacer películas. Me parece sanísimo y un aire fresco brutal que haya tantas mujeres con talento, fuerza y laboriosidad. Imagino que la industria tendrá un debate sobre muchas cosas, pero no haya ninguna duda sobre la avalancha de directoras talentosas porque es algo maravilloso.
Me gustaría que volviéramos al fracaso, al chico que empezó en esto. ¿Sigue viviendo algo de él dentro de usted?
Esto siempre me recuerda al rodaje de Torremolinos 73 que Candela (Peña) me escuchó decir un par de veces que era de pueblo y me dijo que eso no era verdad, que ya no lo era. Y es verdad. Hay días que soy de pueblo, otras de Madrid y otrs simplemente de La Rioja. Como estamos tan acostumbrados a moldearnos y a cincelarnos tienes muchos yo dentro de ti. Solo eres verdaderamente tú mismo cuando te metes en la cama y estás tranquilo. Cuando desaparecen las loas, las epopeyas y las críticas malas. Porque si te crees todo eso, no hay forma de seguir siendo actor. Yo soy un cúmulo de miseries y pequeñas grandezas, pero aún puedo levantarme cada mañana para hacer decentemente mi trabajo. Es verdad que he incidido mucho en el fracaso, pero yo soy un persona con mucho éxito. He tenido mucha suerte en la vida aunque imagino que también algo de talento para llevar tantos años aquí y sostenerme. De esta profesión me bajaré yo cuando no pueda más porque no me va a bajar nadie. Yo fui un chaval que suspendí COU, estupendo, pero ya me queda lejísimos. Llevo 40 años en Madrid, he vivido aquí más del doble que en mi pueblo y eso me ha conformado. ¿Sigo siendo aquel chaval? Claro, la infancia te marca el paraíso o el infierno, pero yo soy un privilegiado como actor, puedo decir que no a cosas.
Ahora que está entrando en los 60, con 35 años dedicados a esto, ¿ha pensado alguna vez en que se pueda acabar?
Yo veo a Sacristán y a Lola Herrera tan fantásticos y pienso que quiero estar ahí. Así que pienso que me tendrán que echar, no tengo ninguna intención de jubilarme. Tengo 59 años, si me tengo que jubilar en cinco años me muero. Sería una putada para mí. Si ahora es cuando más cosas tengo que contar y ofrecer, la jubilación forzosa para un actor es una putada. Yo ahora admiro a la gente que llega nueva con 20 o 30 años, es mi momento de disfrutar, de gozar y de ofrecer toda la experiencia que tengo. Podría ser el padre y hasta el abuelo de todos ellos, ahora que estoy cogiendo cariño, ya me importa una mierda todas las críticas y se me ha ido todo el miedo no lo voy a dejar. Puede parecer una tontería, pero es que ahora me siento respetado, hay gente que quiere trabajar conmigo.
Es que probablemente ahora usted sea el referente que para usted fueron los Fernan Gómez, Amparo Baró o José Luis López Vázquez.
A mí eso me da mucha vergüenza, pero es verdad que me viene gente que me dice que quiere trabajar conmigo. Luego pienso que he hecho 50 películas, que alguna me habrá salido bien y me da orgullo que quieran trabajar conmigo.

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