Inglaterra resiste y sobrevive agarrada a Bellingham en un duelo imperial contra México

A Inglaterra el fútbol le clavó un puñal en el Azteca hace 40 años con una derrota mentirosa e injusta que nunca dejará de perseguirles y a punto estuvo anoche de escribir otro capítulo. México, descarado, valiente y vertical, llevó a los británicos al límite de su juego y de su fe, obligándoles a desprenderse de cualquier principio para atrincherarse en torno a Pickford y lograr la clasificación para cuartos en un partido memorable. Todo lo que pudo ocurrir en un duelo a vida o muerte se dio en el mítico estadio bendecido por los dioses del fútbol. [Narración y estadísticas: 2-3]

 Los británicos se atrincheraron para defender, en inferioridad, un 2-3 que México, descarado, amenazó hasta el último segundo del partido. Ahora les espera en cuartos Noruega  

A Inglaterra el fútbol le clavó un puñal en el Azteca hace 40 años con una derrota mentirosa e injusta que nunca dejará de perseguirles y a punto estuvo anoche de escribir otro capítulo. México, descarado, valiente y vertical, llevó a los británicos al límite de su juego y de su fe, obligándoles a desprenderse de cualquier principio para atrincherarse en torno a Pickford y lograr la clasificación para cuartos en un partido memorable. Todo lo que pudo ocurrir en un duelo a vida o muerte se dio en el mítico estadio bendecido por los dioses del fútbol. [Narración y estadísticas: 2-3]

Quisieron lanzar una tormenta sobre el estadio que provocó el retraso de un duelo eléctrico en el que México dejó claro enseguida que no tenía vértigo. Cometió errores pero, como si tuviera tres pulmones, se rehízo de ellos sin complejos y se lanzó contra un imperio con armas en las que, hace tres semanas, nadie creía. A Inglaterra le costó unos minutos atemperar un duelo en el que se escucharon olés desde la grada al más mínimo pase que hilvanaba el ‘Tri’ del Vasco Aguirre. Declan Rice vio una tarjeta por una acción temeraria sobre Romo y eso fue una advertencia: estaban en una batalla. Les costaba a los ingleses estirarse ante los anfitriones, que se mostraron eléctricos en sus ataques y hurgaban a balón parado con el guante del Piojo Alvarado y la pericia en el remate de Raúl Jiménez. En la Premier lleva castigado a Pickford con seis goles en 12 partidos y anoche lo obligó a lucirse una y otra vez. El primer testarazo tenía mala intención, picado abajo y pegadito al palo, pero metió una mano salvadora el portero del Everton.

México se había desatado y siguió insistiendo con una pared entre Quiñones y Gilberto Mora que despejó la defensa inglesa como pudo. Sólo Anthony Gordon lograba inquietar, quebrando con su velocidad en la banda izquierda. Se veía una Inglaterra reactiva, sin contacto con Kane, sin que apareciera Saka y con Belligham haciendo kilómetros en tareas de contención. Así empezó y así acabaría.

Antes, todo eso cambió con dos fogonazos al filo del descanso provocados por errores mexicanos y dos minutos mágicos de Bellingham. El primero, en un saque de puerta de Pickford con la mano hacia Declan Rice, que fue atravesando la trinchera mexicana para encontrar en la orilla derecha a Saka. El extremo del Arsenal colgó la pelota al segundo palo y ahí apareció majestuoso el madridista para abrir el marcador.

Antes de que México tocara tres veces la pelota tras el saque de centro, llegó el segundo. Se durmió el adolescente Mora al iniciar la jugada, Anderson le mordió los tobillos para recuperar y dejó a Kane y Bellingham que hicieran el resto. El 10 se apoyó en el capitán al borde del área, que le devolvió la pared rasita para que sólo tuviera que empujarla.

En dos minutos, los mexicanos habían recibido un puñetazo en la mandíbula y otro en el hígado aunque, lejos de caer en la lona, activaron la revolución antes del descanso. Recortó su ventaja el letal Julián Quiñones, que enganchó un rechazo forzado de Konsa en la frontal para sorprender a Pickford. Ese gol desató un vendaval que no pudieron aprovechar, porque a Raúl Jiménez se le escapó un chut rozando el palo, primero, y luego voló Pickford para, de nuevo, desviar su imperial testarazo. Hasta Bellingham se arremangó en un córner y, rápido y concentrado, evitó el empate de César Montes.

En la segunda parte, el partido, lejos de amansarse, enloqueció más. Anderson estrelló un cañonazo en el poste y, antes de que nadie se activara, una dura entrada del lateral del Leverkusen Quansah a Jesús Gallardo dejó a Inglaterra en inferioridad. No dudó el VAR en llamar al colegiado iraní Faghani, que no había visto la falta, para que mostrara la roja.

No pudo aprovechar México su superioridad porque, seis minutos después, otro error en el inicio de jugada obligó a Rangel a salir a los pies de Gordon y derribarle. Un penalti que Harry Kane convirtió en el tercer gol de Inglaterra, su sexto en el Mundial.

No estaba todo dicho en el Azteca. Podían cometer mil errores, buscaron regresar de entre los muertos y encontrar vida para enmendarlos. Esta vez fue por una patada de Harry Kane, en una acción defensiva en su área, a Brian Gutiérrez. Tampoco lo vio el árbitro, aunque sí el VAR. Por fin, Raúl Jiménez pudo retar a Pickford cara a cara y batirle, aunque fuera de penalti. Volvían a tener cerca los aztecas la posibilidad de agitar los fantasmas que arrastran los británicos.

Desolación de los jugadores de México.
Desolación de los jugadores de México.AP

Aguirre olió su momento y se lanzó con tres delanteros puros a incordiar en el área para buscar un empate que Touchel, por el contrario, quiso evitar amarrando su ventaja, por corta que fuera. Renunció a todo menos Gordon, Kane y Bellingham para amurallarse ante el acoso de México, en el campo y en la grada. Fue un riesgo, una decisión a cara o cruz del alemán que le colocaba ante la gloria o la deshonra. Soportó la lluvia de centros al área y los disparos desde cualquier punto en el que los aztecas podían armar la pierna. No querían irse de su Mundial en el que han ido agarrando un vuelo que nadie imaginaba el 11 de junio.

Fueron una y otra vez camino del área inglesa, con más corazón que cabeza y acierto, persiguiendo la vida extra que les llevara a la prórroga. La tuvieron Raúl Jiménez, que perdió hasta el casco protector, y Gallardo en el acoso permanente que fueron los once minutos de añadido en los que hasta Stones pudo marcarse en propia puerta. Pero no se dio. México, con orgullo, se queda en los octavos e Inglaterra se verá con Noruega.

 Noticias de Deportes

Te puede interesar