Estrella Morente: «Yo iba a tener un papel en La bola negra, pero el rodaje me pilló fuera. Llegué a hacer el casting para el personaje de Penélope Cruz»

De su infancia en Granada, recuerda Estrella Morente (Las Gabias, 1980) dos lugares en extremos opuestos de la ciudad. El primero, el Paseo de los Mártires, bajo La Alhambra, con la casa de Manuel de Falla abierta al público para que todos pudieran ver sus gafitas, sus enseres personales, sus medicinas… Y, el segundo, la Huerta de San Vicente, aún convertida en descampado, lejos del parque actual, donde tenía su casa de veraneo Federico García Lorca. Como si de dos lugares sagrados se tratara, hasta allí la llevaba a jugar su padre y algo prendió en ella.

 La cantaora vuelve a ‘El amor brujo’ de Manuel de Falla combinado con las canciones populares de Federico García Lorca  

De su infancia en Granada, recuerda Estrella Morente (Las Gabias, 1980) dos lugares en extremos opuestos de la ciudad. El primero, el Paseo de los Mártires, bajo La Alhambra, con la casa de Manuel de Falla abierta al público para que todos pudieran ver sus gafitas, sus enseres personales, sus medicinas… Y, el segundo, la Huerta de San Vicente, aún convertida en descampado, lejos del parque actual, donde tenía su casa de veraneo Federico García Lorca. Como si de dos lugares sagrados se tratara, hasta allí la llevaba a jugar su padre y algo prendió en ella.

«Yo tengo un respeto y una veneración brutales por esos dos artistas. Igual que lo tengo por mi padre», dice la hija mayor de uno de los grandes renovadores del flamenco. Ahora la cantaora, que ya en 2016 con Javier Perianes juntó las obras de Falla y Lorca en el disco Encuentro, repite la fórmula con la gira Lorca, Falla y Estrella Morente: el fuego del alma española. Un trabajo que sirve para reivindicar el 150 aniversario del compositor y también el centenario de la Generación del 27 con el poeta como gran referente.

En ese espectáculo, Estrella Morente recupera la versión de 1914 de El amor brujo de Falla, la que tiene textos de María Lejárraga, precisamente una de las figuras menos reivindicadas de esa Generación del 27, ya que gran parte de sus obras estaban firmadas por su marido, Gregorio Martínez Sierra. «No voy a ser ni la primera ni la última en darle visibilidad, pero sí una más de sus enamoradas. Esta obra es una cosa con sus textos y otra muy distinta sin ellos. Me he dado cuenta ahora de que toda mi carrera ha sido un homenaje continuo a las mujeres, que ya nací con esa fijación por reivindicar la figura femenina. Y para mí las canciones populares de Lorca son un símbolo en mi carrera. Son un reto, con ellas veo lo que me falta por aprender»

En la década de los años 20, cuando Falla vuelve con ‘El amor brujo’ tras su éxito en el mundo anglosajón, se dice que este es la verdadera España.
Para mí, Manuel de Falla debería ser el himno español. Si tuviese opción, elegiría cualquier pieza de El amor brujo. Si algo es España, es todo lo que está ahí. Este país es mágico y este hombre supo contar su grandeza, su colorido, su gitanería y su brujería, su deseo… Pero también está lo que duele: la necesidad, el salvajismo y el hambre. En definitiva, la finura de un país tan especial como este.
¿Esa gitanería y esa brujería son las que han lanzado también su carrera?
Yo tengo la brujería de Granada, de sus hogueras, de una ciudad que invita a los pintores, los poetas y los compositores. Yo celebré mi boda en Los Chapiteles, que está justo entre el auditorio Manuel de Falla y su casa. Yo de niña jugaba en su casa. Y recuerdo también la Huerta de San Vicente, que ahora es un parque, y la casa de Federico, en un descampado. Ahí nos llevaba siempre mi padre.
Ese Federico que, en el 90 aniversario de su muerte y a las puertas del centenario de la Generación del 27, parece aún más icono de lo que siempre ha sido. Solo hay que ver el recorrido de ‘La bola negra’.
Federico fue único para quienes lo rodeaban, para Buñuel, para Dalí, para Brecht, hasta ese asesinato brutal, injusto y despreciable. Hoy es el artista más conocido de nuestro país y si Los Javis hacen La bola negra ya… Yo recuerdo a mi padre cantando poemas suyos que inspiraron Omega. Cuanto más se reivindique a Lorca, mejor será el mundo.
¿Se ha acercado ya a ver ‘La bola negra’?
No me ha dado tiempo porque estamos con los preparativos, pero mis hijos han ido con gente de la universidad y veo la repercusión que está teniendo. Yo iba a tener un papel en esa película, pero el rodaje me pilló fuera y no pude estar por motivos de trabajo. Llegué a hacer el casting con Los Javis para el papel de Penélope. Para mí es un orgullo haber estado vinculada al nacimiento de esa obra porque son gente enamorada de la figura de Federico.
Pero usted pudo ser parte del gran fenómeno del momento y lo dice tan tranquila.
Todavía no la he visto, pero estoy segura de que se habrá hecho desde el respeto y el cariño a nuestro Lorca. Yo creo que Federico debería ser presidente, director y todo lo que se nos ocurra de España porque su sensibilidad es necesaria para este mundo tan convulso y tan corrupto y para esta sociedad tan putrefacta. Ni asesinándolo consiguieron enterrarlo, su voz resuena más fuerte que nunca. Sé que las comparaciones son odiosas, pero mi padre siempre siguió su camino, estaba lleno de su espíritu y por eso le cantó tanto. Juntos se hicieron muy grandes.
Hablando de su padre, hace ahora 30 años de ‘Omega’, donde usted ya colaboraba. Hace también 25 años de su primer disco grabado, ‘Mi cante y un poema’. ¿El apellido Morente pesa?
El apellido Morente son más alas que un peso. Ha habido quien me ha mirado con lupa por venir de la casa de uno de los mayores creadores de la cultura de este país. Ser hija de Enrique Morente tiene unas obligaciones morales, artísticas y humanísticas, tenemos que dar ejemplo y también un compromiso con ese apellido. Pero si sigues el camino de sacrificio y trabajo que él nos marcó, todo va bien. Mi padre nos enseñó a escuchar lo constructivo y el respeto hacia los grandes maestros, pero no hacer caso a los tontos.
Su hijo Curro es ya la tercera generación de la familia dedicada a la música. ¿Qué le hace sentir?
Me hace mucha ilusión ver cómo mis hijos siguen venerando las figuras que reivindicaba su abuelo, son dos niños discretos, que no están obsesionados por aparentar y que se dedican a sus estudios y al arte. Estrella estudia Diseño y muchas veces me acerco con ella a la universidad para ver ese ambiente que mi padre disfrutaría tanto. Y mi hijo Curro se ha convertido en un musicazo brutal, como me dijo el otro día Eric Jiménez. A mí lo que me gusta es que es el más discreto cuando estamos ensayando. Con esto no les libro de sus defectos, pero sí rompo una lanza a favor de los jóvenes pese a que alguna vez yo me he quejado de ellos.
Les tenemos aquí en Madrid manifestándose en este momento por la vivienda.
Hay que apoyarlos porque lo están pasando mal. Ya está bien de decir que solo están pendientes de los móviles. Habrá una parte que sí, pero otros no. Hay que ponerles fácil que accedan a conciertos y museos, que tengan oportunidades en los conservatorios y también que tengan una casita con su propio sueldo sin tirar de sus padres. Creo que tenemos que tener esperanza en ellos porque hay gente muy preparada en esa generación y se lo estamos poniendo muy difícil.
En estos últimos meses se han ido Pepe Habichuela y Ricardo Pachón, dos de los referentes de una generación a la que también perteneció su padre.
A mí con Pepe se me va una parte de mi vida, de mi carrera y mi infancia. Lo digo alto y claro, yo le llevo en mi ADN porque con Morente, Paco de Lucía y Camarón fueron los que cambiaron el flamenco. Con ellos fue un poco mejor y nos queda su legado. Para mí es un orgullo haber sido hija de Morente y familia de esta gente.
¿Ha pensado alguna vez en qué quedará de usted cuando ya no esté?
Esto es algo que me genera mucho vértigo, yo espero que me recuerden como una buena persona y una buena madre, pero viendo cómo está el mundo… Si ya en vida la gente se inventa cosas para crear rumores. Estamos en la época del rumor y tenemos muy poco respeto a nuestros muertos. Antes, cuando alguien se moría, todo era bueno, hoy aprovechamos la inteligencia artificial hasta para inventarnos versiones sobre la muerte de Federico. No sé dónde vamos a llegar a parar, pero vamos a portarnos bien ahora que estamos aquí y podemos gestionar nuestra historia.
Me consta que siempre ha sido muy kamikaze en la música. ¿Ha vivido siempre mejor desde el riesgo?
Sin riesgo no hay emoción y sin emoción no hay arte.

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