<p><strong>Paula Badosa</strong> podría estar en cualquier otro lugar. En los últimos tiempos, las lesiones la han martirizado, le han negado cualquier buena racha y la han apartado de las pistas durante meses y más meses. A sus 28 años y con sus dolores, podría haber recogido el botín —más de nueve millones de dólares en premios a lo largo de su carrera— y centrarse en cualquier otra cosa. Seguidores no le faltan —más de un millón en Instagram— ni gancho comercial; le bastaría con disfrutar de la vida. Pero aquí está, en una pista secundaria del Melbourne Park, persiguiendo todavía aquel anhelo que nació en la infancia.</p>
Meses después de su última lesión, vuelve a las pistas en Melbourne, donde la temporada pasada llegó a semifinales. «He entrenado más fuerte que nunca», cuenta después de un visible cambio físico.
Paula Badosa podría estar en cualquier otro lugar. En los últimos tiempos, las lesiones la han martirizado, le han negado cualquier buena racha y la han apartado de las pistas durante meses y más meses. A sus 28 años y con sus dolores, podría haber recogido el botín —más de nueve millones de dólares en premios a lo largo de su carrera— y centrarse en cualquier otra cosa. Seguidores no le faltan —más de un millón en Instagram— ni gancho comercial; le bastaría con disfrutar de la vida. Pero aquí está, en una pista secundaria del Melbourne Park, persiguiendo todavía aquel anhelo que nació en la infancia.
«Quiero ganar un Grand Slam. Todavía hoy es mi sueño, es por lo que me levanto cada día. El tenis siempre me va a llevar al límite mental y emocional; siempre hay altos y bajos. Tener ese sueño que perseguir es lo que hace que me esfuerce», cuenta tras vencer a la azerí Zarina Diyas por 6-2 y 6-4 en la primera ronda del Open de Australia. En la siguiente se medirá a la rusa Oksana Selekhmeteva.
Sonríe Badosa a orillas del río Yarra antes de marcharse a su hotel, el Crowne Plaza, el mismo en el que se aloja Carlos Alcaraz, y recuerda que fue aquí, precisamente aquí, donde más cerca estuvo de ganar un grande. El año pasado derrotó a Coco Gauff, alcanzó las semifinales y tuvo que ser la número uno del mundo, Aryna Sabalenka, quien la frenara a dos pasos del título. Esta vez podría recorrer una senda similar, acercarse de nuevo a la gloria, aunque lo ve complicado.
«Jugar en Australia siempre me ha gustado, pero son situaciones muy distintas. El año pasado venía con muchos partidos a las espaldas, con mucho ritmo competitivo. Ahora, obviamente, me falta todo eso. Después de un parón por lesión la confianza se resiente y se pierde acierto en la toma de decisiones, velocidad de reacción… Eso es lo que más noto que me falta», explica Badosa, que aun así no pierde la esperanza por un motivo muy sencillo: está sana. La espalda, su punto débil, no le duele.
- ¿Cómo se encuentra?
- El cuerpo me está respondiendo muy bien, la espalda también. He hecho una pretemporada muy larga, la más larga de mi vida, y ya he jugado unos cuantos partidos este año con buenas sensaciones. Obviamente estoy cada día pendiente de las lesiones porque he sufrido mucho, como todo el mundo sabe, y quiero prevenir para que no vuelva a pasar.
A simple vista, sus palabras se confirman. El pasado septiembre, una rotura en el cuádriceps izquierdo la obligó a renunciar al tramo final de la temporada, pero se recluyó en Dubái, donde reside, para volver más fuerte. Sus brazos, más musculosos que nunca, dan fe del trabajo en el gimnasio. Sus golpes, tan potentes como le gusta, también se benefician. Este lunes apenas ofreció opciones a su primera rival en Melbourne, Diyas. Cada intercambio desde el fondo de la pista, ¡boom! y punto. A la azerí le faltaba potencia para igualar su velocidad y, si resistió algo más de una hora, fue porque desde el inicio intentó frenarla con tiros cortados y dejadas.
Los discretos números de la española con el saque evidencian que aún le falta seguridad sobre la pista, pero a ver quién la detiene. Según el cuadro, su primera gran prueba llegaría en tercera ronda ante Jessica Pegula, y más allá asoman Madison Keys o Amanda Anisimova. No será fácil.
«El año pasado entrené más fuerte que nunca y ahora me siento en el mejor estado de forma de mi vida. Me centré mucho en el gimnasio y creo que mi cuerpo lo ha agradecido. Mi lesión de espalda siempre va a estar ahí y no puedo controlar que vuelva a doler, pero sí puedo hacer todo lo que esté en mi mano. La prevención, el descanso… ahí tengo que dar el cien por cien», analiza la actual número 26 del mundo, que en los próximos días podría perder su estatus. Si no repite semifinales, cederá muchos puntos e incluso podría verse fuera del Top 50.
En cualquier caso, eso no es ahora lo más importante. «Me encantaría hacerlo bien ya, pero si lo pienso con calma sé que mi mejor nivel llegará dentro de tres o cuatro meses, cuando recupere el ritmo. Ojalá sea antes, pero tengo que tener paciencia hasta la gira europea de tierra batida», se sincera Badosa, otra vez de regreso. Un regreso eterno.
Alejandro Davidovich no quiere fallar en Melbourne. Después de su enésimo cambio de entrenador y de sus notables resultados en 2025, el segundo español del ranking ATP debutó en el Open de Australia con una victoria rapidísima por 6-2, 6-2 y 6-3 ante el austriaco Filip Misolic. En sólo una hora y 42 minutos ya estaba en segunda ronda. Davidovich estuvo impecable e incluso salvó las cuatro bolas que tuvo que enfrentar. En segunda ronda se medirá al estadounidense Reilly Opelka, todo un desafío en pista dura, que ganó por 6-4, 6-3 y 6-4 al noruego Nicolai Budkov Kjaer.
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