Diario del año de la IA

<p>La multimillonaria velocidad a la que la inteligencia artificial aprende a imitar nuestros defectos hace que cualquier reflexión al respecto esté <strong>condenada a ser irrelevante </strong>para el fin de semana que viene. Teorizar ahora sólo servirá para retratar nuestro estado mental durante un lapso minúsculo, un tajo de navaja en la piel de la historia, una herida, por otro lado, de profundidad desconocida.</p>

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 La producción humana parece destinada a concentrarse en el rincón del gourmet porque todo lo que nace en forma de prompt parece barato y abarata el referente.  

La multimillonaria velocidad a la que la inteligencia artificial aprende a imitar nuestros defectos hace que cualquier reflexión al respecto esté condenada a ser irrelevante para el fin de semana que viene. Teorizar ahora sólo servirá para retratar nuestro estado mental durante un lapso minúsculo, un tajo de navaja en la piel de la historia, una herida, por otro lado, de profundidad desconocida.

1. Pocas películas futuristas se han quedado tan anticuadas como Días Extraños (Kathryn Bigelow, 1995), que imaginaba el registro de los recuerdos en forma de archivos capaces de, como diría Silvia Padilla, ser aprendidos en cabeza ajena. La película acierta al describir estos pasados enlatados como objetos de consumo sexual, pero patina a la hora de imaginar un mercado negro, una interfaz al alcance de unos pocos y un producto que no dejaba de ser una narración lineal inalterable. La última ola en pornografía es doméstica, barata y permite fabricar falsos recuerdos a partir de una simple instantánea. Si anteayer se hacían campañas gubernamentales alertando de los peligros de sexting ahora tenemos que confiar en la voluntad de los titulares y la decencia colectiva para estar al tanto del riesgo que ya conlleva ser mujer y mirar a cualquier cámara.

2. El músico y divulgador Charles Cornell compartió un mensaje sombrío el pasado 20 de enero en su cuenta de Youtube. Afirma con pesar que el componente humano ya ha dejado de ser imprescindible en su disciplina. En tiempos remotos le atribuímos alma al viento y a la luna, ahora liberamos a la música de esa carga. Cornell no cree que esto suponga el fin de la profesión. Los musicos podrán irse a vivir a los escenarios y recuperar el modo de supervivencia anterior al nacimiento del los sistemas de grabación y reproducción (al menos hasta que la robótica también los eche de allí). Quizás lleguemos a ver a una banda versioneando en directo una canción de éxito masivo compuesta por nadie.

3. «Daft Punk si fuese músicos de jazz (no es IA)» es otro vídeo youtube, esta vez del canal del músico Kubla. Me he topado con ese paréntesis por primera vez y he sentido el escalofrío de saber que acaba de nacer un certificado que va a estar presente lo que me queda de vida, junto a «hecho a mano», «producto sostenible», «bien de interés cultural» o «patrimonio histórico». La producción humana parece destinada a concentrarse en el rincón del gourmet, algo que rima con la sensación de que todo lo que nace en forma de prompt no sólo parece barato, también abarata el referente. La pelea made in china entre Tom Cruise y Brad Pitt no parece el advenimiento de un nuevo mainstream, sino una advertencia al viejo de que ya va siendo hora de cambiar de soniquete.

 Cultura

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