De ruta por East Anglia, la idílica Inglaterra que aún sobrevive entre Cambridge y Norwich

Puede que muchos no sepan situar exactamente dónde queda East Anglia en el mapa de Gran Bretaña, pero la mayoría sabe localizar Cambridge. Es su ciudad más popular y el punto desde el que descubrir una región que representa como ninguna la vieja y más auténtica Inglaterra, con pueblos de casas de entramado de madera y poblaciones medievales que en otros tiempos estuvieron dedicadas a la lana, en medio de una campiña verde y ondulada.

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 Esta región representa como ninguna la vieja y más auténtica Gran Bretaña, con pueblos de casas de entramado de madera y poblaciones medievales que en otros tiempos estuvieron dedicadas a la lana  

Puede que muchos no sepan situar exactamente dónde queda East Anglia en el mapa de Gran Bretaña, pero la mayoría sabe localizar Cambridge. Es su ciudad más popular y el punto desde el que descubrir una región que representa como ninguna la vieja y más auténtica Inglaterra, con pueblos de casas de entramado de madera y poblaciones medievales que en otros tiempos estuvieron dedicadas a la lana, en medio de una campiña verde y ondulada.

En East Anglia el ritmo de vida se ralentiza y, en cuanto nos alejamos de Cambridge, incluso parecen desaparecer los turistas. Aquí están también ciudades catedralicias tranquilas como Ely, Norwich y Peterborough, imprescindibles para los aficionados a la historia, y sobre todo entramos en un mundo básicamente rural, en el que lo mejor son las experiencias tranquilas. Entre ellas, recorrer los bucólicos Norfolk Broads, una red de canales navegables; o explorar en autobuses locales la región de North Norfolk, entre Cromer y Kings Lynn, con reservas de aves, largas playas de arena, el bonito Holkham Hall o el mejor pescado de East Anglia. El litoral de East Anglia está muy poco visitado pero repleto de playas y reservas de aves, con muchos puntos de observación, como los de Minsmere y las marismas de Cley.

Cambridge, estudiantes y grandes tradiciones

Cambridge, universitaria, histórica y bien conservada, compite con su eterna rival, Oxford, por el título de la ciudad más inglesa de Inglaterra. Los estudiantes invaden las calles y las 31 facultades, heredando las tradiciones de muchas generaciones de políticos, intelectuales y estudiantes de todos los tiempos.

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La ciudad se descubre necesariamente a pie, paseando entre las agujas de las iglesias góticas, las casas señoriales y los colleges. Al igual que Oxford, es famosa por las regatas y las antiguas facultades y colegios, pero cualquier rincón traslada a la vieja Inglaterra, esa que cuida de sus tradiciones y de una forma de vida genuinamente británica: pintorescos cafés, librerías, edificios estilo Tudor…

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Si seguimos a los estudiantes (o a los turistas) llegaremos fácilmente a sus iconos, como el gigantesco y neoclásico Fitzwilliam Museum, que fue uno de los primeros museos de arte públicos de Gran Bretaña. Inspirado en el Museo Británico, expone por ejemplo ajuares funerarios romanos o egipcios, además de obras maestras y colecciones de todos los tiempos y estilos.

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No muy lejos, otro clásico, pero en ese caso muy dulce: Fitzbillies, la pastelería más antigua de Cambridge, que tiene fama entre los estudiantes desde hace generaciones. Su especialidad son los pegajosos Chelsea buns y el cream tea, para llevar o tomar en la cafetería que hay al lado. Otra tradición inevitable es tomar un té de la tarde, mientras que lo más clásico es tumbarse en los jardines del Orchard Tea para tomar una humeante taza de té y scones (bollitos cubiertos de crema y mermelada). Los lleva sirviendo desde 1897 a estudiantes y profesores universitarios.

Otro clásico imprescindible es la capilla del King’s College, uno de los monumentos góticos más extraordinarios de Inglaterra. Durante los oficios, las voces del coro se alzan hasta una increíble bóveda de abanico. Junto al Kings, la Great St. Mary’s Church luce también su fachada majestuosa, aunque lo más imponente del edificio gótico es su torre, con unas vistas impresionantes de “las agujas” de Cambridge. Y, por supuesto, el imprescindible y elegante Trinity College, el mayor de los colegios universitarios de la ciudad. En su entrada estilo Tudor da la bienvenida un Enrique VIII de aire serio, pero dentro espera un inmenso y famoso patio y la también célebre biblioteca, la Wren Library, que contiene más de 55.000 libros de antes de 1820.

No todo “es fachada”: las partes traseras de las facultades son una larga hilera de parques, jardines y prados junto al río, una zona verde que se conoce como The Backs, que se puede recorrer a pie cuando las facultades están abiertas, pero es mejor recorrer el río Cam a bordo de un punt pasando por debajo de una serie de puentes, entre ellos el más famoso de todos: el de los Suspiros. Por aquí han paseado a lo largo de la historia estudiantes célebres, como Isaac Newton, Stephen Hawking, Charles Darwin, Stephen Fry, Virginia Woolf y los Monty Python.

Bury St. Edmunds con Dickens y Newmarket y sus carreras de caballos

Nos ponemos en camino rumbo a Norwich para recorrer la región. Primera parada: Bury St. Edmunds, aunque antes es imprescindible detenerse en un paraíso para los aficionados a los caballos: Newmarket, la cuna de las carreras, donde tienen su sede los mejores criadores y entrenadores de caballos de competición. Todo aquí gira en torno a los caballos, la hípica y la equitación. Prosperó en el siglo XVII, con el rey Carlos II, como lugar de recreo de la realeza y ahora tiene dos hipódromos famosos y más de 3.000 caballos. Aquí se celebran dos de las cinco carreras clásicas británicas y un festival en julio que es uno de los grandes eventos del calendario hípico. También acoge el Museo Nacional de Carreras de Caballos, instalado en un antiguo palacio de Carlos II. En cualquier momento se pueden hacer visitas guiadas por los hipódromos, aunque lo mejor es coincidir con las carreras. Toda una experiencia.

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A pocos kilómetros está Bury St. Edmunds, una ciudad medieval que presume de ser la del santo patrón original de Inglaterra, del siglo IX, del que se puede saber toda su vida y hazañas en las visitas guiadas por el centro. Si nos parece que hemos estado antes aquí, esto es porque resulta la típica ciudad británica en cuyas plazas georgianas se han rodado muchas películas clásicas, incluidas algunas basadas en Dickens. Por cierto: el escritor frecuentaba el lugar, se alojaba en The Angel Hotel (se puede tomar aquí el té de la tarde) y ofrecía lecturas de su obra en el vecino Ateneo. Bury tiene muchos vínculos literarios con Dickens y Shakespeare.

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La abadía de St. Edmunds fue en su día uno de los grandes monasterios benedictinos más ricos del país. Hoy solo quedan las ruinas porque Enrique VIII acabó con ella, pero estas se pueden visitar, además de admirar la contigua catedral de St Edmundsbury y pasear por sus jardines.

Ipswich, la Inglaterra perdida

Ya en la costa, al sur de Norwich encontramos otro de esos rincones que transporta a otra Inglaterra que parece perdida: Ipswich es la capital del condado de Suffolk, y una de las ciudades anglosajonas más antiguas de Inglaterra, con un rico patrimonio. Estamos en los paisajes que pintó John Constable, uno de los grandes paisajistas británicos. Para conocerlo no hay nada como visitar la mansión Tudor Christchurch y la mayor colección del pintor fuera de Londres. Otro de sus encantos se encuentra junto al agua: su paseo marítimo está repleto de restaurantes, bares y hoteles, con un animado aire casi mediterráneo. Hay otros paseos necesarios, como navegar por el río Orwell, que pasa por un magnífico puente y continúa hasta la pintoresca península de Shotley.

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No faltan las inevitables mansiones del National Trust que pueden ser visitadas —como Sutton Hoo— y que nos recuerdan esa vieja Inglaterra de las películas.

Las encantadoras ciudades de la lana

Para conocer la auténtica Inglaterra detenida en el tiempo, nada como visitar las llamadas ciudades laneras, cinco localidades en el centro del condado de Suffolk, cerca de Ipswich: Lavenham, Clare, Long Melford, Hadleigh y Sudbury. Son cinco comunidades históricas a poca distancia unas de otras en coche o bicicleta, y todas pintorescas y atractivas. Se desarrollaron gracias al comercio de la lana pero hoy son simplemente el testimonio de los tiempos en los que fue la región más rica de Inglaterra después de Londres.

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Las ciudades de la lana son perfectas para llenar nuestras redes sociales de fotos de sus casas de madera inclinadas en ángulos peculiares, sus laberintos de calles medievales con tiendas de antigüedades, salas de té o buenos restaurantes. En concreto de Lavenham, que fue uno de los pueblos más ricos del país y todavía está considerado “el pueblo medieval mejor conservado de Inglaterra”, con 340 edificios catalogados. Clare tiene una iglesia, un priorato, un castillo y un parque rural dedicado a la lana. Y en Sudbury las vistas son encantadoras y hay un paseo por el río Stour que puede hacerse siguiendo los pasos del pintor paisajista del XVIII Thomas Gainsborough, cuya casa puede visitarse.

En torno a estas cinco ciudades hay también otros muchos pueblos más pequeños y con muchísimo encanto, como Kersey, nombrada una de las 10 mejores aldeas de Gran Bretaña y situada en medio de la ondulada campiña de Suffolk. O Cavendish, una ciudad lanera de postal, con sus emblemáticas casitas pintadas de rosa.

Norwich, la gran ciudad medieval de los sajones

Dicen que Norwich es la ciudad medieval mejor conservada de Gran Bretaña. Su época de esplendor fue la del comercio de la lana, en la Edad Media, porque la Revolución Industrial pasó de largo y dejó la ciudad tal y como era. Sus históricas calles empedradas, las murallas de la ciudad, la catedral románica con un enorme claustro y el castillo normando en lo alto son excusas más que suficientes para visitarla.

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Presume de tener la primera calle comercial peatonal del país, London Street, inaugurada en 1967, pero podría hacerlo de otras muchas cosas, como su castillo del siglo XI, en el que vivió Guillermo el Conquistador, o su mercado cubierto, el mayor de Europa, con nueve siglos de antigüedad y donde se vende de todo: alimentos frescos, pescado, ropa. Después de asomarnos a sus puestos y comer en sus restaurantes podremos tomarnos un té de las cinco en la The Assembly House, descubrir las callejuelas y senderos de Norwich Lanes o fotografiar la pintoresca Elm Hill, la calle más famosa de la ciudad y la calle medieval más completa del país: una calle empedrada con casas de comerciantes y tejados de paja, que hoy ocupan pequeños cafés, tiendecitas y también viviendas particulares, cada una con su propia historia.

Norwich tiene también una magnífica catedral normanda donde se descubren las historias de los héroes locales, como la enfermera de la Primera Guerra Mundial Edith Cavell o el héroe naval Horatio Nelson.

Hay espacio también para las experiencias verdes: junto a la catedral católica están los jardines Plantation Garden, y junto al río Wensus —la última parte navegable de los Broads— podremos aprovecharnos de que Norwich sea la única ciudad situada íntegramente en un parque nacional inglés.

King’s Lynn, puerto fluvial y residencia real

Llegamos al mar del Norte y nos asomamos a King’s Lynn. Apartada de los circuitos convencionales, esta ciudad portuaria tiene más edificios catalogados que otras ciudades más famosas, como York. Fue una de las ciudades más importantes del país desde el siglo XIII, con vínculos con la Liga Hanseática, y presume de sus museos, de las casas medievales de los comerciantes que jalonan las calles empedradas del centro y de los evocadores muelles del río, que conducen al estuario del Wash y al mar del Norte. Uno de sus edificios más llamativos es la Aduana, del siglo XVII, y su estatua más querida, la de George Vancouver, quien nació aquí y fue un gran explorador del Pacífico. Pero hay mucho más: la Georgian Hanse House, el True’s Yard Fisherfolk Museum, el Holy Trinity Guildhall o la catedral.

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Por lo que muchos llegan a King’s Lynn es porque muy cerca está Sandringhan, una de las residencias de la familia real británica, abierta al público cuando no hay ningún Windsor hospedándose.

Navegando los Broads

La campiña de los Broads es el gran paisaje a descubrir en East Anglia: vías fluviales, pantanos y lagos, que combinan con encantadores pueblos con pubs y restaurantes junto al agua. Pueden recorrerse en botes fluviales y son un paraíso para la fauna. La capital de los Broads es Wroxham, pero las vías de agua se extienden en la frontera entre los condados de Norfolk y Suffolk. Lo curioso es que, en realidad, son canales artificiales, resultado de la inundación de unas turberas medievales. Tras extraer grandes cantidades de turba durante siglos, el aumento del nivel del agua inundó la zona, creando esta red de lagos y ríos navegables que hoy son parque nacional y el humedal protegido más grande de Inglaterra: en sus marismas y costas vive más de la cuarta parte de los animales más típicos de la isla, como las focas grises, los ciervos rojos o muchísimas aves.

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Otra curiosidad para animarse a ir: los Norfolk Broads cuentan con más vías fluviales que Venecia y Ámsterdam: más de 200 kilómetros de ríos y lagos sin esclusas que se pueden navegar en kayak, vela y remo. También se pueden recorrer en barcos o cruceros fluviales, o alquilando una casa flotante para pasar la noche. De hecho, son unas vacaciones muy demandadas entre las familias.

Y queda por explorar la costa del mar del Norte, desde Cromer hasta King’s Lynn, donde se suceden magníficas playas de arena, pero también otros paisajes como acantilados escarpados, estuarios y calas. Gran parte de la costa de Norfolk es de arena virgen y sin contaminar, con lugares como Cromer, Wells-next-the-Sea, Holkham, Brancaster y Hunstanton.

Descubriendo los paisajes de Constable

Los pintores ingleses más conocidos son los paisajistas románticos del siglo XVIII y, entre ellos, algunos como John Constable y Thomas Gainsborough, que nacieron y desarrollaron su carrera en esta zona. De hecho, en el condado de Suffolk hay un itinerario turístico llamado El país de Constable para recorrer los escenarios de su vida, pero también para reconocer sus cuadros más célebres: un paseo pictórico por el valle de Dedham con los cuadros del artista como guía, que comprende pueblos como East Bergholt, donde nació y se crió; Flatford, que inspiró su cuadro más famoso, El carreta de heno (1821), y los pueblos de Essex de Dedham, Langham y Stratford St Mary. Constable pintó siempre lugares con los que tenía un profundo lazo personal y, a ser posible, prefería pintar casas, granjas, molinos o iglesias que todavía son reconocibles.

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En las oficinas de turismo se pueden conseguir planos donde se marcan los senderos para recorrer los mismos caminos que el propio artista tomaba, como su paseo diario a la escuela en Dedham, a lo largo de las orillas del Stour, o la rectoría de East Bergholf donde se enamoró de la hija del rector.

Comer en East Anglia

Una de las propuestas por las que llegan cada vez más visitantes a esta zona es la gastronomía: East Anglia ya era ecológica, local y de temporada mucho antes de que fuera una moda. Las propuestas aquí tienen pocas pretensiones, como comer pescado recién llegado en los barcos y patatas fritas crujientes en las encantadoras poblaciones costeras de Aldeburgh y Southwold.

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Gracias a los criaderos protegidos del Wash, East Anglia nunca perdió el gusto por el pescado, como sí ocurrió en otras regiones cuando la pesca británica disminuyó durante la Segunda Guerra Mundial. Por eso, las cartas abundan en ostras y mejillones, cangrejo, pescado ahumado, gambas y demás; incluso los típicos locales de fish and chips incluyen opciones poco habituales, como langosta con patatas fritas y mejillones a la marinera. Los sibaritas van a Cambridge, al pueblo de Dedham, en Suffolk, a la costa norte de Norfolk (donde cada pueblo tiene su propia especialidad) y a Norwich, donde el fin de semana la oferta gastronómica de St Benedicts St compite con la de Londres.

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