Cuando el pasado se convierte en relato: un viaje por la memoria de Geoff Dyer

<p>El número uno de la calle Fairfield Walk es uno más entre el océano de chalets semiadosados que ocupan la zona. Pero solo en apariencia. Los ladrillos de la fachada son de color gris oscuro y están orientados hacia el este, mientras que el patio trasero está decorado por un caballón de hierba en el centro y algún que otro hierbajo en los bordes. La única diferencia entre esta casa y sus hermanas gemelas es que entre sus paredes se <strong>crio el escritor y periodista </strong><a href=»https://www.elmundo.es/la-lectura/2023/05/24/646653dafc6c83f75c8b45b3.html» target=»_blank»><strong>Geoff Dyer </strong>(</a>Cheltenham, 1958), lo que obligatoriamente la convierte en el punto de partida de su última creación: <i><strong>Tareas </strong></i>(Random House). </p>

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 El periodista y autor inglés publica ‘Tareas’, una obra autobiográfica en la que rememora sus primeros 18 años de vida mientras reflexiona sobre los cambios acontecidos en el Reino Unido durante la década de los 60  

El número uno de la calle Fairfield Walk es uno más entre el océano de chalets semiadosados que ocupan la zona. Pero solo en apariencia. Los ladrillos de la fachada son de color gris oscuro y están orientados hacia el este, mientras que el patio trasero está decorado por un caballón de hierba en el centro y algún que otro hierbajo en los bordes. La única diferencia entre esta casa y sus hermanas gemelas es que entre sus paredes se crio el escritor y periodista Geoff Dyer (Cheltenham, 1958), lo que obligatoriamente la convierte en el punto de partida de su última creación: Tareas (Random House).

El libro, publicado en mayo, ya forma parte de la extensa colección de obras que completan las estanterías de su hogar en Londres. Desde ahí contacta con Madrid a través de una videollamada en la que repasa algunos de los momentos claves de su vida y las circunstancias que le han llevado hasta su presente. «Justo a tiempo», alaba a modo de presentación. La puntualidad parece ser una cualidad que valora el periodista, posiblemente porque su padre también lo era. Este es, quizá, el verdadero inicio de la historia. «Hace tiempo que sé que la quiero escribir y la principal inspiración fue que mis padres murieron».

La idea, explica, surge a raíz de los cambios que ha sufrido el Reino Unido desde que él nació en los 60. A partir de esta premisa, el autor formula una introspección por sus primeros 18 años de vida mientras transporta al lector a lo largo de sus primeras veces -«mi primera vez conociendo a una chica, mi primer apodo, mi primera cerveza en un pub…»- midiendo cada palabra casi al milímetro y exprimiendo su realidad en un libro que explora el concepto de clase. «Si entiendes un poco acerca de Inglaterra verás que en realidad, cada párrafo, cada pequeño detalle, está saturado de este tema», refleja.

Dyer ha recorrido el mundo en busca de historias, relacionándose con periodistas de renombre y obteniendo galardones por su escritura -como el National Book Critics Circle Award de Crítica (2011) o el Windham Campbell Prize de no ficción (2015)-, pero sus orígenes son mucho más humildes: su madre servía la comida en un colegio de la zona, mientras que su padre creció en el contexto del racionamiento y la Segunda Guerra Mundial, lo que le convirtió en un hombre muy avaro. El escritor no lo describe desde el rencor, sino como un aprendizaje que le ha llevado a formar sus cimientos. Su familia, de hecho, se concibe como el engranaje que hace moverse a todo el mecanismo. «Si hay algo que decir sobre mi infancia es que no tenía hermanos. Mis relaciones eran con mis juguetes. Eso es realmente importante», confiesa el escritor con una sonrisa perenne. Este es el motivo por el que las figuritas, los cromos y sus imaginaciones diarias adquieren un rol protagonista en esta narrativa autobiográfica.

«La principal inspiración para escribir mi libro llegó tras la muerte de mis padres»

El libro se posiciona como la última obra de una larga lista, en la que se encuentran otros títulos como Pero hermoso, Los últimos días de Roger Federer o Amor en Venecia. Él atribuye este éxito sostenido en el tiempo a un solo evento canónico: el 11+, un examen propio del Reino Unido que decidía el futuro de los preadolescentes al terminar la primaria. En la actualidad, un ejercicio así a esta edad sería impensable; para Dyer fue el detonante de una vida llena de logros. «Me cambió la vida. Solo un pequeño porcentaje aprobaba e iba a una escuela de gramática para obtener una buena educación académica, y lo más probable es que luego fuera a la universidad. La mía era muy prestigiosa y tenía una fuerte tradición de gente que iba a Oxford», narra. Y así fue.

Su estancia en aquella institución la percibe como una época sin precedentes – «fue genial, podías hacer lo que quisieras»-, aunque por aquel entonces su futuro aún no estaba claro. Desarrolló su pasión por los libros, una que se había iniciado durante la adolescencia y que hoy sigue presente con la misma intensidad. Ahora, esta vocación se centra más en la escritura: «Nunca hago propuestas a editoriales, nunca esbozo, nunca intento vender un libro en base a una propuesta. Yo…solo empiezo a escribir. Solo llegas cometiendo errores», argumenta Dyer. La fórmula parece funcionarle: es uno de los colaboradores habituales de una gran selección de medios, entre ellos The Guardian y The New Statesman.

«Cada párrafo, cada pequeño detalle del libro está saturado del tema de la clase»

Dyer, con esa escritura tan característica que engloba elementos narrativos, ensayísticos y toques de humor, ha construido Tareas en la cima de su carrera, dibujando una escena que permanece inmóvil en el tiempo, y obligando al lector a inmiscuirse en un viaje en el que se aprende el significado de vivir en una época convulsa y de continuas transformaciones. El escritor ha creado su propia máquina del tiempo para conservar un testimonio que de otra forma habría quedado en el olvido. «Soy la única persona que sabe todo esto. No tengo un gran archivo al que pueda acceder un historiador en el futuro, así que el único repositorio de información está en mi cabeza».

El número uno de la calle Fairfield Walk, en Cheltenham, hoy está vacío. Desde sus ventanas siempre hubo una vista perfecta a los árboles, que iban cambiando de color con las estaciones y los años. Ahora, 67 primaveras después, Geoff Dyer ha dejado de ser aquel niño que jugaba con los Airfix y a los submarinos; aquel que entró en la grammar school de su barrio y aquel que un día dijo adiós a los dos pilares más importantes de su infancia. Hoy Geoff Dyer es un escritor y periodista galardonado y uno de los más conocidos del sector literario. Él, sin embargo, no se ha olvidado en ningún momento del camino que lo llevó hasta allí, uno que ahora deja escrito entre las páginas de Tareas.

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