<p>El pasado julio, <strong>Alexander Zverev </strong>visitó Mallorca. Un alemán en Baleares, dirán, menuda novedad. Pero el número tres del mundo no estaba de vacaciones, no quería pisar la playa ni tomarse una cerveza en un pub: estaba en un viaje espiritual. Durante 10 días se recluyó en la Rafa Nadal Academy de Manacor en busca de inspiración. A sus 28 años, con tres derrotas en sus tres finales de Grand Slam, necesitaba ayuda, alivio, apoyo, y encontró todo ello en <strong>Rafa Nadal</strong>.</p>
El Big Two acapara títulos, patrocinios y atención mientras el resto acepta que está a años luz»
El pasado julio, Alexander Zverev visitó Mallorca. Un alemán en Baleares, dirán, menuda novedad. Pero el número tres del mundo no estaba de vacaciones, no quería pisar la playa ni tomarse una cerveza en un pub: estaba en un viaje espiritual. Durante 10 días se recluyó en la Rafa Nadal Academy de Manacor en busca de inspiración. A sus 28 años, con tres derrotas en sus tres finales de Grand Slam, necesitaba ayuda, alivio, apoyo, y encontró todo ello en Rafa Nadal.
«No sé cuántas veces me dijo que tenía que ser más agresivo y valiente. Sé que debo hacerlo, pero escucharlo de él, con quien he jugado partidos importantes…», aseguraba Zverev. En las semanas posteriores parecía un tenista nuevo, se le veía cambiado, pero igualmente perdió en tercera ronda del US Open. Ni Nadal puede hacer ciertos milagros. ¿Será distinto este Open de Australia? A juzgar por el sufrimiento del alemán en primera ronda ante Gabriel Diallo, no lo parece.
El tenis se ha instalado en una era previsible: Carlos Alcaraz o Jannik Sinner ganarán este Grand Slam, como hicieron en los anteriores. Es lo más probable. ¿Lo único posible? La alternativa es Novak Djokovic, una leyenda de 38 años, y más allá es difícil confiar en alguien. Ya cayó eliminado un Top 10, Felix Auger-Aliassime, y el resto aceptan que sus opciones son remotas.
El estadounidense Taylor Fritz, número nueve del mundo, comentó durante el verano de 2024 que «si alguien tiene una buena semana, cualquier cosa puede pasar». El pasado domingo en Melbourne se lo recordaron. «¿Yo dije eso? ¿Cuándo? ¿Hace tres o cuatro años? No, no, ahora realmente todo depende del Big Two», reconoció, como uno de tantos adversarios a años luz de los dos dominadores del circuito.
Ante otros tenistas, el estadounidense es poderoso, pero nunca ha ganado a Alcaraz en sus cinco enfrentamientos —sí lo hizo en la exhibición de la Laver Cup— y la única vez que derrotó a Sinner fue en 2021, cuando este tenía 19 años. Entre los mejores del planeta se acumulan estadísticas igual de sonrojantes, aunque ninguna como la que sufre el local Alex de Miñaur, número seis del mundo: ha jugado cinco veces contra Alcaraz y 13 contra Sinner sin ganar nunca. 18 derrotas en 18 partidos. El público local le adora, pero es difícil considerarle candidato en un Grand Slam a cinco sets.
«Carlos y Jannik juegan mejor al tenis que nosotros, simplemente es eso. No me da vergüenza decir que si juego 10 partidos contra Carlos y 10 contra Jannik perderé la mayoría de las veces. Pero podría ganar alguno. El resto tenemos que tener esa mentalidad. He jugado contra muchos grandes nombres de la historia del tenis y también tienen días malos», analizaba el lunes Daniil Medvedev, posible rival de Alcaraz en semifinales.
El ruso es una rareza entre los aspirantes porque sabe qué es llevarse un ‘grande’ —el US Open de 2021— y sabe qué es vencer tanto a Alcaraz como a Sinner, aunque de todo ello ha pasado ya tiempo. A sus 29 años asume su declive, y quizá ese sea el punto diferencial con otras épocas. Entre 2005 y 2007, Rafa Nadal y Roger Federer encadenaron 11 Grand Slam consecutivos, pero ya amenazaba un joven Novak Djokovic, junto a Andy Murray, Stan Wawrinka o Juan Martín del Potro. Ahora los posibles adversarios del Big Two son mayores que ellos, y a los coetáneos —Ben Shelton, Lorenzo Musetti, Jack Draper o Holger Rune— les queda más de un paso por dar.
En las orillas del río Yarra, más allá de los jugadores australianos, todos los carteles de promoción del Open de Australia tienen las mismas caras: las dos de siempre, Sinner y Alcaraz. Eso desvela la parte problemática de su dominio. La repetición de duelos entre ambos es una bendición para los amantes del tenis —el año pasado hubo seis finales memorables—, pero también puede ser un problema a corto o medio plazo. A su sombra no crecen otras figuras y si uno de los dos se lesiona, los torneos perderán interés.
Además, las marcas se concentran en ellos y las diferencias económicas son abismales. Según la revista Forbes, en 2025 Alcaraz y Sinner fueron los tenistas con más ingresos del mundo. Djokovic no se quedó lejos, pero el cuarto clasificado, Fritz, ingresó un tercio de lo que ingresaron ellos. Coco Gauff, Aryna Sabalenka, Qinwen Zheng e Iga Swiatek ganaron más dinero que él.
El tenis celebra la excelencia de Alcaraz y Sinner, dos jugadores camino de convertirse en leyendas. Pero necesita que aparezca un tercer nombre, o un cuarto, o un quinto, para que la monotonía no rompa la magia.
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