Los Alpes son el territorio ciclista por excelencia. El Tour de Francia ha convertido sus puertos en lugares míticos para los aficionados. Y subirlos a golpe de pedal es uno de los grandes retos para quienes les gusta practicar el deporte de las dos ruedas. Pero también es un territorio mágico para el cicloturismo, esa especialidad entre el deporte y el viaje que consiste en visitar los destinos en bicicleta, pausadamente, con alforjas —es decir, con la casa a cuestas—, al ritmo perfecto que te ofrece este tipo de vehículo, disfrutando del paisaje, oliendo sus aromas, interactuando con la gente, sin ir tan rápido como irías en un coche ni tan lento como lo harías a pie.
Un viaje en el que se combina el pedaleo con el tren siguiendo la ruta Alpe Adria, que une la ciudad austriaca de Salzburgo con la localidad italiana de Grado, en el mar Adriático
Los Alpes son el territorio ciclista por excelencia. El Tour de Francia ha convertido sus puertos en lugares míticos para los aficionados. Y subirlos a golpe de pedal es uno de los grandes retos para quienes les gusta practicar el deporte de las dos ruedas. Pero también es un territorio mágico para el cicloturismo, esa especialidad entre el deporte y el viaje que consiste en visitar los destinos en bicicleta, pausadamente, con alforjas —es decir, con la casa a cuestas—, al ritmo perfecto que te ofrece este tipo de vehículo, disfrutando del paisaje, oliendo sus aromas, interactuando con la gente, sin ir tan rápido como irías en un coche ni tan lento como lo harías a pie.
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