Antonio Banderas: «Siempre sentí que estaba de paso en EEUU. Ahora ya no tengo la necesidad de salir fuera»

<p>Dice <strong>Antonio Banderas </strong>que es feliz en las vísperas de los estrenos. Hoy le toca: Godspell, el musical que ha dirigido y que estrenó en en diciembre en el Soho Caixabank de Málaga, el teatro de sus amores.</p>

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 El actor, director y empresario teatral lleva a Madrid Godspell, el musical basado en la vida de Jesús que ya estrenó en Málaga. «Los americanos necesitan darse un golpe. Pero si se dan un golpe lo sufriremos todos»  

Dice Antonio Banderas que es feliz en las vísperas de los estrenos. Hoy le toca: Godspell, el musical que ha dirigido y que estrenó en en diciembre en el Soho Caixabank de Málaga, el teatro de sus amores.

Estamos en el Teatro Pavón. Este no es un sitio lujoso en Gran Vía.
Yo buscaba en Madrid un hermano para el Soho Caixabank. Encontré el Pavón e hice una oferta. Estábamos ahí, en la negociación, pero llegó alguien con más dinero y me quedé sin teatro. Me dijeron: «Quedamos de amigos, tienes este sitio aquí para estrenar». Porque es verdad, Luis Álvarez, que es el dueño, es un tío que me gusta, es listo y se mueve muy bien.
O sea que no es que vayan a hacer musicales al viejo estilo Pavón-Kamikaze.
Nosotros tampoco trabajamos por dinero. Hemos perdido dinero con Company y con Gipsy. A Chorus Line vendió 350.000 entradas…
¿Y salió a deber?
Claro que salió a deber. Llevábamos 26 músicos. En Company, igual, 26 músicos, 35 actores, 40 técnicos. Costaba unos 190.000 euros a la semana. Llenábamos el teatro para no perder mucho. Pero que me quiten lo bailado. He hecho lo que quería, como quería hacerlo y con la gente perfecta. ¿Cómo va a ser eso un fracaso? La búsqueda de la excelencia es un fin en sí mismo.
Si un año tiene dos películas que pierden, ¿le pesa mucho?
El cine siempre da sorpresas, para bien y para mal. Hice películas que iban a romper la taquilla y que no vio nadie. Y películas que no iba a ver nadie y triunfaron. Pero es distinto, porque las películas se hacen con el deber de salir airoso. Aquí soy yo el que mide el riesgo.
Entonces, ¿hay camino para musicales un poco indie?
Mi camino es ser fiel a mí mismo y al público. Si se dice que es música en vivo, es música en vivo. La política del teatro es «no se pregraba nada». Los actores cantan, los coros cantan y si la partitura dice 19 instrumentos de cuerda, hay 19 instrumentos de cuerda. Company salió caro pero ¿y las caras de la gente, y los colegas que te dicen «esto no lo hemos escuchado antes»? Andrew Lloyd Webber vino y no se lo podía creer, decía que aquello no se hacía algo así desde 1950.
¿Qué es lo difícil? ¿Conseguir obras que merezcan la pena, conseguir talento, conseguir público…?
Lo difícil es conectar. Que obra y público encajen. El teatro es eso, ahora mismo, con todo lo que pasa con las inteligencias artificiales, con esos cerebros de cristal que nos han metido en el bolsillo… El teatro se ha convertido en el espacio para la verdad. Para muchas verdades, porque los autores piensan diferente… Pero también para una verdad indiscutible: hay un grupo de personas ante otro grupo de personas, todas de carne y hueso. Se cuentan una historia y vibran. Eso para la gente joven es importantísimo. La gente joven está en un momento terrible, tiene un déficit de atención extraordinario. Crece sin relatos. Está sometida a esta mierda del scroll. La vida no es un scroll, la vida es un libro. Y hay que meterse ahí porque hay premio al final. Hay que decírselo a la gente joven, hay premio. Si lees a James Joyce, hay premio. Vas a desarrollar una inteligencia difícil de vencer. Vas a desarrollar una personalidad, vas a leer la realidad mejor, vas a saber seleccionar. Están convirtiendo a las personas en votos… Hay un momento de la obra en el que Judas dice eso. «Yo tengo un truco mejor que los milagros de Jesús: puedo convertir a alguien en algo».
¿Qué tiene esta obra que le guste?
Es un canto a morales simples. El amor al prójimo. Parece una cosa fácil. Pues no vea. El perdón, la caridad, la humildad. Son ideas que parecen cristianas pero que son humanas. Eso es lo que esta obra nos da. Eso, y que le quita peso a lo espiritual. No necesitamos tanto peso sobre las espaldas. Podemos acceder a esos valores desde una visión más ligera. Podemos reírnos y luego llorar… El Obispo de Málaga vino al estreno y dijo algo gracioso. Dijo: «Antonio, me gusta tanto esta obra que estoy tentado de decir que es herética para que venga mucha gente».
¿No es herética?
Yo creo que no. La gente va a descubrir que los mensajes de Jesús están limpios.
¿Fue a un colegio de curas?
R. Fui a colegios de curas y a colegios laicos. Mi familia no fue estricta. Lo más religioso que ha pasado en mi vida es mi relación con la Semana Santa, pero eso tiene que ver más con la identidad artística de mi pueblo. En Málaga se llama la religiosidad popular. Y ahí sí que me identifico mucho, porque tiene que ver con mis olores, mis amigos.
Siempre hay una idea de volver a casa en todo lo que dice.
Volví como si Málaga fuera Ítaca.
Pero eso suele acabar en desencanto.
Yo estoy feliz. Yo no vine a meterme en un féretro. Vine a empezar otra vez, a darle de comer a un niño. El niño es mi teatro. Ya no tengo la necesidad de salir fuera.
¿Cuánto lleva en España?
Siete años.
¿En los años que pasó en EEUU se llegó a ver un poco de allí?
Siempre sentí que estaba de paso. Casi lo olvidé cuando me casé y fui padre. Entonces pensé que quizá terminaría mis días allí. Pero en seguida volvió esa intuición.
Y en 2010, en EEUU, ¿tenía un presagio de «esto va a acabar mal»?
¿Con los americanos? Los americanos van a tener que darse un golpe. Pero si se dan ellos el golpe lo sufriremos todos. Yo creo que se ha gestionado muy mal la relación entre norte y sur.
¿Norte y sur significa pobreza y riqueza?
Pobreza y riqueza, sí. No hemos ido a África con un Plan Marshall. Pero, ¿qué político hará algo que reciba recompensa en 2056?
¿Nos dirigimos a la misma autodestrucción en Europa?
No lo sé. Fíjese en ese retorno a la espiritualidad del que todo el mundo habla. Vemos demasiados muertos en pantalla. Estamos normalizando la sangre de otros. Demasiados niños muertos entre escombros como boquerones. Eso daña mucho la psique humana.

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