Adiós algoritmo, hola agente de viajes: por qué el criterio humano está volviendo a primar al planear las vacaciones

Durante años pareció que plataformas como Airbnb, Booking o Skyscanner habían condenado a las agencias de viajes a convertirse en una reliquia. Después llegaron las redes sociales, en las que miles de creadores de contenido empezaron a hacer recomendaciones de viajes, de lugares ideales para hacerse la foto de las vacaciones y de restaurantes que no te podías perder. El advenimiento de la inteligencia artificial todavía complicó más las cosas para los agentes de viajes, ya que cualquiera podía crear en unos minutos un itinerario completo por las islas griegas con lugares que visitar, hoteles de ensueño y bares auténticos (aunque quizá alguno de ellos fuera una alucinación de la IA y no existiera). Parecía que la tradicional agencia de viajes tenía los días contados, que cada uno de nosotros podía organizarse el viaje perfecto sin esfuerzo, pero, aunque eso tenga una parte de verdad, la avalancha de recomendaciones (muchas veces idénticas) ha provocado una insoportable saturación de algunos destinos y, en definitiva, una experiencia claramente mejorable. Esos inconvenientes han devuelto valor a algo que, por ahora, las IA no tienen en exceso: criterio.

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 La explosión de contenidos generados por inteligencia artificial, la falta de originalidad de las recomendaciones y la saturación informativa están impulsando una nueva generación de asesores turísticos que convierten el conocimiento, la confianza y la comunidad en su principal activo  

Durante años pareció que plataformas como Airbnb, Booking o Skyscanner habían condenado a las agencias de viajes a convertirse en una reliquia. Después llegaron las redes sociales, en las que miles de creadores de contenido empezaron a hacer recomendaciones de viajes, de lugares ideales para hacerse la foto de las vacaciones y de restaurantes que no te podías perder. El advenimiento de la inteligencia artificial todavía complicó más las cosas para los agentes de viajes, ya que cualquiera podía crear en unos minutos un itinerario completo por las islas griegas con lugares que visitar, hoteles de ensueño y bares auténticos (aunque quizá alguno de ellos fuera una alucinación de la IA y no existiera). Parecía que la tradicional agencia de viajes tenía los días contados, que cada uno de nosotros podía organizarse el viaje perfecto sin esfuerzo, pero, aunque eso tenga una parte de verdad, la avalancha de recomendaciones (muchas veces idénticas) ha provocado una insoportable saturación de algunos destinos y, en definitiva, una experiencia claramente mejorable. Esos inconvenientes han devuelto valor a algo que, por ahora, las IA no tienen en exceso: criterio.

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