La asombrosa vida de Egoitz Bijueska, de ser «el peor de sus amigos» al mejor skater mundial: «En cada sesión sabes que te vas a dar una hostia»

A los 15 años, la mayoría de los adolescentes tienen paga y alternan entre el colegio, el móvil y las videoconsolas. Egoitz Bijueska (Bilbao, 2010), sin embargo, ya ha sido campeón del Mundo de Skate y medalla de Oro y de Plata en los X Games, una de las pruebas más prestigiosas de su disciplina y que le supone «más que el propio mundial». «En este último año mi vida ha cambiado bastante, tanto mi manera de ver el deporte como la de practicarlo, viajes, campeonatos…», apunta el joven a EL MUNDO.

 El fenómenos bilbaíno de 15 años es campeón del mundo y, recientemente, medalla de oro en los X Games, una de las competiciones más prestigiosas de su disciplina  

A los 15 años, la mayoría de los adolescentes tienen paga y alternan entre el colegio, el móvil y las videoconsolas. Egoitz Bijueska (Bilbao, 2010), sin embargo, ya ha sido campeón del Mundo de Skate y medalla de Oro y de Plata en los X Games, una de las pruebas más prestigiosas de su disciplina y que le supone «más que el propio mundial». «En este último año mi vida ha cambiado bastante, tanto mi manera de ver el deporte como la de practicarlo, viajes, campeonatos…», apunta el joven a EL MUNDO.

Lo que resulta más llamativo no es su precocidad en el mundo del monopatín, fue campeón del mundo con 14 años, sino que la primera vez que puso un pie en una tabla fue con siete. Hace un suspiro. «Hasta los nueve fui el peor de mi grupo de amigos», confiesa azorado el joven para destacar que lo suyo no comenzó como algo innato, que algo de eso también habrá, sino fruto del trabajo constante de hasta 5 horas diarias practicando especialmente un verano de hace ya cinco años. Desde entonces, despegó el cohete y su vida ha sido la de un profesional de 15 años.

En estos momentos lidera el ranking de park (modalidad de patinaje) casi doblando al segundo clasificado, que tiene diez años más que él. En el top-25 sólo hay otro patinador con su edad, el americano Jake Familton (puesto 23) y el resto son mayores. «En las finales no suele haber gente menor de 17 o 18, pero yo lo de competir lo llevo bastante mal, no me cuesta concentrarme, pero me pongo muy nervioso. Mi madre me ayuda el día de la competición», revela.

Ana e Ibon, sus padres, son el gran apoyo de un joven al que mantienen los pies en el suelo pese a ser un prodigio en su disciplina. Le ayudan y le sirven de sostén en los viajes, de hecho Egoitz cuenta que la única vez que compitió sólo con su entrenador, la cosa no fue del todo bien así que, por cábalas o por su tranquilidad, su madre suele ser la que le ayuda a sobrellevar el su cada vez más apretada agenda entre competiciones, sponsors, entrenamiento y, también, el colegio. «Siempre hay tiempo para estudiar porque, bueno, porque me obligan mis padres», cuenta entre risas el joven que realiza sus estudios a distancia.

Egoitz y su familia tuvieron que tomar esa determinación cuando vieron, que con 12 años, el joven bilbaíno ya tenía la proyección que está mostrando ahora. En el País Vasco, no había infraestructuras adecuadas para que el joven prodigio desarrollara su deporte así que tuvieron que invertir en pasar largas temporadas en California, donde los skateparks (el espacio que se usa para patinar) se adecúa a los que luego se va a encontrar en las competiciones.

Lógicamente, el adolescente echa de menos a su cuadrilla, con la que hoy disfruta de unas merecidas vacaciones en su ciudad natal. Pero su amor por el deporte, al que se quiere seguir dedicando cuando se retire para convertirse en entrenador, le impulsa a mantenerse centrado en los 45 segundos que, normalmente duran las rondas de los campeonatos en los que participa.

Ni un minuto en lo que todo tiene que ir perfecto. 45 segundos en los que no hay espacio a la improvisación, solo a la perfección y en los que no puedes pensar en no caerte, porque es lo que ocurre si eso pasa por tu mente aunque sea una fracción de segundo. «Si vas pensando en no caerte te caes porque vas como con miedo y ya me ha pasado en alguna competición. En cambio, hay veces que directamente ni pienso», explica el deportista.

Retrato de Egoitz
Retrato de EgoitzMonster

Egoitz dice que sigue sintiendo miedo, pero que lucha por superarlo. «En cada sesión sabes que te vas a acabar dando una hostia», apunta uno de los 12 patinadores que ha conseguido planchar un 900 (dos giros y medio). Es un truco que le costó 37 intentos, 17 en una rampa más suave y 20 en una normal de madera, y una caída monumental. «Las hostias suelen bloquear, pero no me gusta dejarlo para otro día porque si no lo cojo con más miedo», apunta el joven skater.

En la tímida voz de Bijueska, propia de un joven de 15 años, no se nota la capacidad que tiene sobre un skatepark. Dicen de él que «fluye como el agua» en su patinaje, de hecho está volviendo a practicar el surf, un deporte que tiene ciertas similitudes con el skate. No obstante, su estilo es puro jazz, innovando en movimientos y en lugares de la pista que no pisan otros competidores.

Quedan pocos como él, y menos en España donde admite Egoitz que apenas hay afición a un deporte que llegó a ser un fenómeno a finales del siglo pasado, pero que ha ido perdiendo fuelle y con él infraestructuras.

¿Por qué crees que los skateparks han dejado de estar llenos en España?
Porque duele.

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