Cientos de peregrinos han culminado este jueves su Camino frente a la Catedral de Santiago. Otras decenas de miles, sin embargo, han emprendido una peregrinación algo distinta hasta coronar el Monte do Gozo, cambiando las vieiras y los bastones por la purpurina, los shorts y las camisas hawaianas. También ellos buscaban una revelación. Una más estridente, más extravagante y bastante menos solemne. Una que, con permiso del Apóstol, sólo podía responder al nombre de Katy Perry.
La artista se estrena en Galicia con un espectáculo de nostalgia y desmesura en el que rescata sus grandes éxitos y presenta por primera vez su nuevo sencillo, Watch It Burn
Cientos de peregrinos han culminado este jueves su Camino frente a la Catedral de Santiago. Otros miles han emprendido un viaje algo distinto, aunque quizá igual de espiritual a su manera. Han ascendido hasta el Monte do Gozo entre purpurina, shorts y camisas hawaianas de colores imposibles buscando otra revelación: una que sólo Katy Perry podía darles.
Más de 45.000 personas han acudido a O Son do Camiño para recibir por primera vez en Galicia a una de las artistas que mejor ha entendido las reglas del pop de las últimas dos décadas. Hace apenas unos días actuaba en Los Ángeles durante la ceremonia inaugural del Mundial. Ahora ha aterrizado en Santiago en su primera gran cita del verano en España, antes incluso de pasar por la capital.
Y ha bastado el arranque para entender por qué sigue ocupando ese lugar. Perry ha aparecido sobre una tabla de surf sostenida por varios bailarines musculados mientras sonaba California Gurls. Vestía una camisa blanca con el lema ‘I am not a robot’, una corbata con la bandera de Estados Unidos y estaba rodeada por un smartphone gigante, un portátil blanco y una escenografía de proporciones imposibles. Nada es demasiado grande ni exagerado para una de las reinas del pop.
Después han ido cayendo ‘Teenage Dream’, ‘Last Friday Night’, ‘Dark Horse’ o ‘I Kissed a Girl’. Canciones que para muchos forman parte de la banda sonora de una época y que para otros han llegado años después, convertidas en vídeos virales o tendencias de TikTok. Pero si hubo un instante especialmente celebrado fue ‘The One That Got Away’, uno de esos temas que parecen resistirse al paso del tiempo y que el Monte do Gozo entero ha cantado de principio a fin.
La noche también ha servido para mirar al futuro. La cantante ha presentado Watch It Burn, el sencillo que publicará el próximo 25 de junio y con el que muestra una faceta más áspera y rabiosa. Y ha vuelto a mirar al cielo. Hace poco más de un año Perry cumplió uno de sus sueños al participar en una misión espacial y ese imaginario ha impregnado buena parte del concierto. Astronautas han irrumpido sobre el escenario al son de 2001: Una odisea del espacio portando las banderas de España y Galicia, que la cantante ha recogido y clavado sobre la tarima antes de enlazar con E.T.
Cuando parecía que ya había mostrado todas sus cartas, ha llegado la imagen más surrealista de la noche. La cantante se ha introducido dentro de una botella de agua hinchable gigante y ha recorrido buena parte del recinto sostenida por miles de manos. Desde dentro saludaba, cantaba y sonreía mientras avanzaba lentamente sobre el público.
Quizá ese sea el verdadero secreto de Katy Perry. Lleva casi dos décadas haciendo cosas que sobre el papel parecen imposibles o incluso absurdas y, sin embargo, de algún modo todavía sigue encontrando la forma de sorprender.
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