Etgar Keret: «Tras el ataque de Hamas me siento más judío que israelí, tengo la sensación de que quien manda en Israel hace todo lo posible para dañarme»

Como en sus breves cuentos, el escritor israelí Etgar Keret (Ramat Gan, 1967) entrelaza anécdotas hilarantes y reflexiones en la entrevista a este diario tras la publicación de su nuevo libro en español El blues del fin del mundo (Siruela).

 El escritor israelí publica, tras su habitual período de espera de seis años, su nuevo libro de relatos en español, ‘El blues del fin del mundo’  

Como en sus breves cuentos, el escritor israelí Etgar Keret (Ramat Gan, 1967) entrelaza anécdotas hilarantes y reflexiones en la entrevista a este diario tras la publicación de su nuevo libro en español El blues del fin del mundo (Siruela).

Su séptima colección de relatos recoge 33 textos sobre la vida, la muerte, la tecnología, el amor, la soledad o la venganza. «A mí me gusta mucho escribir, pero sobre todo lo necesito. Es un intento de esclarecer un pensamiento», dice durante un encuentro en Tel Aviv.

Desde su primera aparición con Tsinorot (Tuberías) en 1992, Keret ha desarrollado un recorrido lleno de humor, talento y surrealismo hasta convertirse en uno de los escritores israelíes más traducidos (50 idiomas).

¿Escribe hoy por placer, dinero, aburrimiento o quizá porque no sabe hacer otra cosa?
El acto de escribir es algo que en primer lugar hago para mí. Y llega cuando estoy confundido. Te cuento un ejemplo estúpido. Estaba tomando café en la universidad en Beer Sheva cuando vi un pájaro y un gato. El pájaro estaba comiendo algo y el gato lo miraba. Yo les observaba y decidí componer una canción. Cuando acabé, me levanté y con el pie ahuyenté al gato porque en la canción entendí que no quería que se comiera al pájaro. Antes de escribirla, no sabía lo que yo pensaba o sentía.
Pasaron seis años del último libro…
Yo apunto en la agenda la fecha de la presentación del manuscrito cada seis años. En esta ocasión, era el 8 de octubre del 2023. El día anterior, nos levantamos con sirenas, misiles…y me olvidé que había escrito el libro. Solo tres meses después lo comuniqué al editor. Me contestó que no era posible porque, debido a la guerra, muchos fueron llamados a la reserva y las librerías estaban cerradas. Le dije que si es necesario lo imprimo solo.
La obra desprende aroma de despedida del mundo que conocíamos.
Trata del mundo que va cambiando y en el que mis héroes intentan ganar, pero casi nunca lo logran. Cuando pierden, lo hacen de forma humana. En el cuarto mes de la guerra, llevé comida como voluntario a ancianos en Tel Aviv. Del edificio se salía a través de un club con bellas rubias con tatuajes, hombres con pendientes, música…Pensé que no saben qué pasa fuera. A la salida, un joven barman se dirigió a mí y me contó que había servido recientemente en Gaza y que cada noche cuando se iba a dormir, leía un cuento mío y se decía como una orden: ‘Recuerda, una vez fuiste así y lo volverás a ser’.
¿Prefiere que sus lectores lloren o se rían con sus cuentos?
Que estén confundidos y no sepan si llorar o reír. La situación de confusión es la real pero la estamos perdiendo. Las redes sociales nos dicen si hay que reír o llorar, boicotear o ayudar.
¿La tecnología le provoca miedo o esperanza?
No tengo problemas con la tecnología sino con el ser humano. Elegimos que decida por nosotros. Si escribes un texto en Facebook y quieres que llegue a tu hermana, Facebook lo envía a alguien que te odia para que escriba que eres basura. Los seres humanos atravesamos un proceso de domesticación a través de la tecnología. Una vez en San Francisco vi un taxi autónomo parado fuera del hotel. Un coche llegó y tocó el claxon para que se moviera. El conductor insistió, salió enfadado y fue al coche autónomo y vio que no había conductor. Se quedó parado, volvió lentamente a su coche, se sentó y se puso las manos sobre la cabeza como si llorara. En ese momento, me dije que era la imagen de la humanidad. La diferencia entre el ser humano y el usuario es que el primero actúa en función a lo que decide mientras el segundo elige las opciones de la máquina. Café, expreso o cortado. En lugar de hacer las cosas que teníamos planeado, hacemos lo que la tecnología nos permite hacer.
En uno de los relatos, dos niños judíos planean matar el perro de un árabe para vengarse de la muerte de su perro atropellado por un árabe. «Ojo por ojo….»o como titulas «Perro por perro»…
En principio es Reductio ad absurdum de la cultura del odio. Muestra la locura a la que puede llegar. Un perro no es árabe, musulmán ni judío. Es un perro. Al final, los dos niños entienden que es algo incorrecto.

«Israel es como el Titanic que empieza a hundirse y la gente discute por tener la cabina frente al mar o por no recibir postre»

Algunos en su campo ideológico dijeron que el ataque de Hamas del 7-O les «abrió los ojos» sobre los palestinos y la posibilidad de paz.
Si yo abrí los ojos fue sobre la sociedad israelí. Pensaba que éramos una sociedad mucho más fuerte y moral. ¿Qué dije antes del 7-O? Que no debemos dialogar con Hamas ni permitir que les den dinero (en Gaza) y sí hablar con la Autoridad Palestina. Netanyahu eligió a Hamas como partner y no a los otros porque dice que en tal caso habrá un Estado palestino. Hamas es responsable de que Netanyahu esté en el poder. Los dos dicen que no se puede hacer la paz. Entonces, tras el daño que nos ha hecho Hamas ¿quien se equivocó? Bibi [apodo de Netanyahu]. La izquierda abogó por dialogar con otros.
¿No le sorprendió la crueldad del ataque?
No. Es estúpido que nos sorprendamos de la brutalidad de Hamas. Hace más de 30 años, recuerdo cubrir como periodista un caso en el que un soldado tras ser asesinado le cortaron el pene y se lo pusieron en la boca. Los ataques terroristas en Israel siempre fueron despiadados, el 7-O fue diferente debido a su magnitud. Hamas nos odia mucho. Es como ISIS. Si ISIS invade un lugar ¿crees que asesinará personas o se pondrán a jugar ajedrez?
El ataque ha cambiado a la sociedad israelí.
Hay un cambio, una radicalización. Creo que ha perdido el rumbo. Hay quienes dijeron que como Hamas asesina, entonces no hay inocentes en Gaza. ¿Dónde está la lógica? Shira y yo fuimos a las comunidades, nos reunimos con los supervivientes del Festival Nova, ayudé a un soldado herido al que amputaron la pierna y quería escribir. El sábado me manifestaba con fotos de niños palestinos muertos y el domingo iba a hablar con soldados. Mi hermano, muy de izquierdas, me preguntó por qué me reunía con soldados. Le contesté que el hecho de contarle un relato y decirle que debe comportarse humanamente no perjudicará a los palestinos. Puede ayudarlos. Esta contradicción interna es parte de nuestra existencia aquí. Uno intenta actuar en la tensión entre la sensación de culpa y de duelo. Un tercio de israelíes tienen trastorno de estrés postraumático, según leí.
Una sociedad en trauma.
El ilustrador David Polonsky, que hizo la cubierta del libro, dio una charla en un kibutz cerca de la Franja de Gaza. Los niños hicieron cola para la foto ante la pantalla con un dibujo. Un niño se puso primero sin esperar. Cuando otro le dijo que espere su turno como todos, respondió: ‘Yo no espero porque asesinaron a mi padre’. Un niño detrás intervino: ‘También asesinaron a mi padre. Vuelve a tu sitio’. El niño replicó: ‘Sí, pero a mi padre lo quemaron’. Si esta es la conversación entre dos niños en la fila en una actividad de dibujo ¿cuán normal puede llegar a ser una sociedad?
¿En qué le ha cambiado el 7-O a usted como ciudadano?
La sensación más fuerte es la de impotencia y muchas veces alienación. Un símil para explicar mi sensación desde el punto de vista ético y social es Israel como el Titanic que empieza a hundirse y la gente discute. Alguien dice que quiere la cabina frente al mar, otro protesta por no recibir postre y un tercero pide la devolución del 20%. Desde el 7-O, me siento más judío que israelí. La experiencia judía del exilio en la historia era de vivir en un mundo en el que los que ostentan el poder no tienen los mismos intereses que tú. En Israel, tengo la sensación de que quien manda hace todo lo posible para dañarme.
¿Y como escritor?
Antes, me sentía como un investigador del cuerpo humano que buscaba una medicina para curar el cáncer. Hoy soy como un sanitario que frena la hemorragia a las personas. Si una vez escribía un libro para que fuera best seller, ahora busco escribir algo suficientemente bueno para que por ejemplo un superviviente del Festival Nova o un palestino que recibió una paliza de policías no piensen en su situación.

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