Jódar remonta para vencer a Michelsen y aprende una valiosa lección en Roland Garros

Cuatro horas de lección. Un partido para el futuro. A sus 19 años, Rafa Jódar sigue construyendo su tenis y en esa construcción habrá pocos momentos como su victoria este viernes ante Alex Michelsen. En su primer Roland Garros ya está en octavos de final, pero sobre todo ha ido aprendiendo las exigencias de un Grand Slam, cómo aferrarse a una pista para que nadie le saque de allí, un ejercicio de pura supervivencia. Quizá no fue su triunfo más lúcido; sin duda fue el más importante. Con un marcador de 7-6(0), 6-7(3), 4-6, 6-3 y 6-3 cruzó una ronda más –ya le espera Pablo Carreño– después de una jornada durísima.

 Gana a un rival de su mismo estilo por 7-6(0), 6-7(3), 4-6, 6-3 y 6-3 y se enfrentará a Carreño por un lugar en cuartos de final  

Cuatro horas de lección. Un partido para el futuro. A sus 19 años, Rafa Jódar sigue construyendo su tenis y en esa construcción habrá pocos momentos como su victoria este viernes ante Alex Michelsen. En su primer Roland Garros ya está en octavos de final, pero sobre todo ya va aprendiendo las exigencias de un Grand Slam, cómo agarrarse a una pista para que nadie le saque de allí, un ejercicio de supervivencia. Quizá no fue su triunfo más lúcido; sin duda fue su triunfo más importante. Con un marcador de 7-6(0), 6-7(3), 6-4, 3-6 y 6-3 cruzó una ronda más -ya le espera Pablo Carreño- después de una jornada durísima.

Porque este viernes Jódar se descubrió ante Michelsen frente a un espejo. Las coincidencias eran muchas, casi exageradas. Los dos son de la misma generación. Los dos miden 1,93 metros. Los dos son hijos de maestros. Los dos se han formado en el tenis universitario estadounidense. Los dos visten igual en este Roland Garros, con un conjunto blanco y negro de Adidas. Y, lo más importante, los dos juegan el mismo tenis. Como Jódar, Michelsen exhibió agresividad a raudales, golpes muy planos, restos directos y presencia dentro de la pista; como Jódar, Michelsen padece en los movimientos laterales y aún carece de variedad táctica. Las similitudes entre ambos invitaban a la igualdad, marcaron el encuentro hasta el quinto set y condujeron a una conclusión tan ajustada como emocionante.

Para Jódar, acostumbrado a adversarios más defensivos, Michelsen supuso todo un reto. Desde el inicio se le vio incómodo, como delataban sus numerosas dobles faltas, aunque mantuvo su carácter y su prodigiosa serenidad. Cedió el primer set en el tie-break. El estadounidense dudaba más en los momentos decisivos. Pero en el segundo y tercer set se hizo con la iniciativa gracias a su potente saque, a su buen juego en la red y a incorporar efectos en sus golpes de derecha. El desconcierto cambió de lado y, en ciertos momentos, Jódar se asomó al abismo, cerca de la eliminación. Tan serio como es, se pasó todo el cuarto set levantando los brazos para animarse y, de paso, avivar a los aficionados españoles que le acompañaban en la preciosa pista Simonne-Mathieu.

Y de alguna manera funcionó. Mientras Michelsen empezaba a acusar el cansancio, Jódar multiplicó el riesgo buscando los ángulos, moviendo a su rival por la pista, y así fue encontrando las preciadas oportunidades. Romperle el saque al estadounidense seguía siendo dificilísimo, pero fueron apareciendo bolas de break, y más bolas de break, y otra bola de break más.

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