Javier y Javier están exhaustos, perplejos y felices. Ambrossi y Calvo, en cambio, se muestran centrados y muy conscientes de lo que les espera. Igual de contentos, pero sin avasallar. Los apellidos son menos impulsivos que los nombres. Se diría que su vida entera, la de los dos, ha cambiado en un único día. Y para siempre. Llegaron a Cannes, apurando todos los plazos oficiales, con su película, La bola negra, como la gran incógnita de la sección oficial. Y salen de la Croisette con distintos títulos ya ganados: que si hype, que si sorpresa, que si fenómeno, que si los Javis…
‘La bola negra’ es ya el fenómeno del Festival de Cannes que hoy se clausura. Un día después de su ovacionado estreno, sus directores, Javier Ambrossi y Javier Calvo, repasan su presente y su futuro, hablan de su separación sentimental y dan una primicia: su próxima película será en inglés
Javier y Javier están exhaustos, perplejos y felices. Ambrossi y Calvo, en cambio, se muestran centrados y muy conscientes de lo que les espera. Igual de contentos, pero sin avasallar. Los apellidos son menos impulsivos que los nombres. Se diría que su vida entera, la de los dos, ha cambiado en un único día. Y para siempre. Llegaron a Cannes, apurando todos los plazos oficiales, con su película, La bola negra, como la gran incógnita de la sección oficial. Y salen de la Croisette con distintos títulos ya ganados: que si hype, que si sorpresa, que si fenómeno, que si los Javis…
Veinte minutos duró la ovación tras el pase de gala. Es decir, 60 segundos más que los acumulados por Valor sentimental, de Joaquim Trier, el año pasado y a escasos dos minutos del récord de hace años de El laberinto del fauno. Tanto aplauso no fue más que el preámbulo de una catarata de ansiedades solidificadas en un único deseo: hay que ver La bola negra, sí o sí.
La película cuenta a Federico García Lorca sin vergüenza, orgullosa y lo hace desde su sexo, desde el sexo que conduce a la poesía, a la vida, a la eternidad incluso. «Desde muy joven estudias a Lorca. Pero solo con más de 20 años caes en la cuenta de que es un poeta gay. Y eso no te lo explican en el cole. Como si no fuera importante para su creación», dice Calvo. Y Ambrossi continúa: «Y no da igual. Yerma está hablando de que no va a tener hijos porque es gay. Y no hay que olvidar que fue asesinado por ser homosexual entre otras muchas razones«.
Dicho lo cual, los Javis, juntos, repasan todo lo que se les ha roto recientemente, anuncian una nueva película en inglés y se confiesan, ahora que ya no son pareja sentimental, mucho mejor pareja profesional.
P. ¿Qué está pasando en el cine español, si es que pasa algo?
Javier Ambrossi. Lo más elemental es comprobar que algo se ha tenido que hacer bien. Las películas no se improvisan de un día para otro. Nosotros empezamos hace tres años a plantear el guión y, en nuestro caso, que la película exista ha sido un ejercicio de financiación enorme que incluye a compañías que van desde Movistar a la estadounidense Goodfellas o la francesa Pacte, pasando por Instituto del Cine Español (ICAA) que ayuda a que las películas sean más grandes.
P. Thierry Frémaux, el director de Cannes, habló de «un cierto movimiento en el cine español». ¿Notáis el movimiento?
Javier Calvo. No somos muy conscientes, pero sí lo somos de que nos han dado la mano que necesitábamos las personas que necesitábamos. Hemos visto y notado un apoyo y una fe en la autoría. Nuestro sistema no está montado como lo está en otros lugares donde una película pasa por demasiados filtros, demasiadas notas de producción, demasiadas correcciones… Es muy común ver cómo fuera todo el mundo da opiniones haciendo que todo se convierta en el mismo producto. Creo que lo que ocurre en España es que, por fin, ha habido un apoyo industrial a la autoría. Todos los creadores estamos en contacto, nos queremos y somos amigos, e incluso nos retamos y nos enseñamos unos a otros. El otro día me emocionó mucho ver como Sorogoyen le decía a Carla Simón: «Llevo varios días queriendo decirte que tienes que ver esta película». Lo que ves, por ejemplo, en Estados Unidos es que no quieren tu visión. Les gusta lo que haces, pero cuando te llevan ahí quieren que hagas la película que ellos quieren.
JA. Y ver que se apoyan determinados proyectos y que salen adelante con voces diversas, hace que a la gente que empieza le den más ganas de estudiar cine, de aprender… Ven que hay un espacio para ellos. Seguro que hay un montón de gente que se ve reflejada en nosotros, chicos de 15, que dicen: «Ah, vale, voy a poder contar mis historias como hacen los Javis». Y lo mismo vale para las nuevas directoras que se ven en Carla Simón.
P. ¿Os sentís representantes de esa nueva generación?
JC. Otro día no lo diría, pero ahora, después de lo que está pasando, y de tú a tú, creo que sí.
JA. Lo que creo es que hay gente que ha crecido con nosotros de verdad; gente que nos ha seguido desde Paquita Salas y ha ido viendo cómo pasábamos de ser personas que no sabíamos dirigir a cómo hemos ido aprendiendo a hacerlo y a tener un universo personal.
JC. Hay gente más joven que me dice que lo que nosotros hacemos es abrir la puerta para ver otras cosas. A través de nosotros descubren música, otro cine, a Lorca probablemente. Creo que tenemos una mirada que viene de muy atrás. Estoy muy orgulloso de hacer eso, de poder abrirle la puerta a gente joven a cosas que no se tienen que perder.
JA. Pero lo interesante es que no pasa solo en España. Es curioso comprobar que la gente que se siente conectada a nosotros desde Veneno procede de países que no imaginábamos.
P. Una imagen recurrente en ‘La bola negra’ son las casas con andamios, a medio hacer. ¿Me pregunto si España para vosotros está igual, siempre en obras?
JC. Madrid ha estado en obras mucho tiempo, pero, en verdad, te das cuenta de que España ha estado y está en construcción.
JA. Y lo ves en las cenas familiares, en la imposibilidad de encontrar un relato común en este país. Lo ves evidentemente en las dos Españas. Lo ves en los grupos de amigos constantemente. Y además se ha agudizado. De repente, escuchas a gente joven decir unas cosas que no tienen sentido, peligrosísimas y lo dicen riéndose. Es como si se hubiera perdido la vergüenza de decir auténticas barbaridades.
JC. Como se dice en la película, la intolerancia está ahí y la sombra acecha. Nos acecha todavía.
JA. Por eso, para mí es siempre tan importante intentar un punto medio del relato en el que podamos estar de acuerdo y seguir adelante. Y eso me pasa incluso en mi familia en el nivel más cotidiano. El modelo es aceptar al otro, aprender a pedir perdón y buscar una manera de seguir dialogando.
«Lo extraño es oír cosas como: ‘Yo soy de Vox, pero tengo muchos amigos gais’. ¿Cómo razonas eso? Es incompatible de todo punto»
Javier Ambrossi
P. Otro de los argumentos de la película es la falta de relato en la homosexualidad. ¿A qué os referís exactamente?
JA. Durante mucho tiempo ha estado prohibida la homosexualidad y luego dejó de estarlo y hasta se aprobó el matrimonio homosexual. Y todo esto pasó sin que nadie diera explicaciones o pidiera perdón. Un día te insultaban por ser gay y al día siguiente ya estaba todo legalizado. Pero nadie te decía: «Mira, hemos sido unos fachas y entonces queremos pediros disculpas por todos los homosexuales que han sido asesinados y que han sido apaleados». Y para complicarlo más, todos los que votaron en contra luego han hecho uso de ese matrimonio homosexual y tampoco nunca nadie ha dado una explicación del tipo: «Sí, yo soy de un partido que votó en contra». Vale, ¿y? Desarrolla. No, en verdad, ha dado todo igual.
P. Quizá en esa falta de explicación o de relato está la clave de por qué los jóvenes asumen y hacen suyas posiciones de extrema derecha cada vez más homófobas.
JA. Sí, pero a la vez esas mismas personas te dicen: «No, si yo quiero que seas feliz. No tengo nada en contra de ti». Pero no, es que es incompatible una cosa y otra. Es como si se hubiera conseguido disociar la ideología política de las personas humanas. Es terrible.
JC. Pero precisamente para eso estoy convencido de que existe el arte, el cine, para le pongas cara, ojos y sangre al otro. Lo relevante es que cuando hablas de homosexualidad, no se habla en abstracto. Estás hablando de personas, estás traficando con derechos de personas.
JA. Lo extraño es que oyes decir cosas como: «Yo soy de Vox, pero tengo muchos amigos gais». ¿Cómo razonas eso? Es incompatible de todo punto esa ideología en concreto con la defensa de los derechos.
JC. Aún más grave es cuando la derecha, hablando de conflictos mundiales, se apropia de los derechos gais para su argumentación ideológica. «En no sé dónde matan a gais….», dicen. ¡Cómo! Ahora sí te interesan los derechos LGTBI. Es alucinante y, además, es mentira.
P. «El travestismo es la fantasía de la posibilidad y la guerra todo lo contrario», se escucha en la película…
JA. Básicamente, la película es antibelicista y es antifascista en todo su ser, pero también es un alegato a favor del colectivo tan maravilloso que tenemos. El colectivo LGTBIQ+ aboga simplemente porque cada uno elija su destino. Y esa es la razón por la que algunos quieren que no exista.
P. Más allá de Lorca, de la Guerra Civil y de la reivindicación de la homosexualidad, ¿cuánto hay de profundamente personal en ‘La bola negra’?
JC. Pues en la película está la inquietud que me provoca pensar que estamos perdidos como colectivo LGTBIQ ante los derechos conquistados. Hay mucha gente que se ha matado y ha luchado por nosotros y, de repente, nos encontramos en un momento de indecisión. ¿Y ahora qué hacemos con esto que hemos conseguido? ¿Ahora qué hacemos con la libertad? ¿Cómo somos felices ahora? Porque antes estábamos en lucha constante, en peligro, y había algo de supervivencia. Pero ahora que supuestamente el mar está en calma, ¿qué hacemos? Y eso sí lo siento yo en lo más profundo: cómo honrar las libertades conseguidas; cómo las gestiono y adónde voy. A los 35 años me encuentro ahí.
JA. Leí hace poco un cartel que decía: «Si no honramos su sacrificio, no merecemos su legado». Lo leí mientras escribíamos La bola negra y me pareció que era justo eso. Y luego también me pregunto, dándole justo la vuelta al razonamiento, si somos o no justos con la memoria de nuestros abuelos. Decimos: «No, es que mi abuelo era un facha». Pero ¿nos hemos tomado el trabajo de pensar qué le llevó a pensar así?».
«Ahora no nos peleamos, porque no tenemos ese derecho. Antes le echabas un poco la mierda al otro porque es tu pareja y te aprovechas»
Javier Calvo
P. Cuando preguntaba por lo personal, quería ser más directo. ¿Habéis sufrido algo de lo que sufren vuestros personajes?
JC. Siempre hay algo. Nosotros estábamos debatiendo si el personaje de Carlos González y su novio tenían que acabar juntos en la película, si estaban enamorados o no. Y qué iba a pasar con ellos dos. Y nos dimos cuenta de que estábamos hablando de nuestra relación. Hasta ese punto es personal.
JA. El guion hablaba mucho de deseo. De lo que desea un personaje y otro. Y todo el rato pensábamos: «Estar con una pareja y ya no estar enamorado, pero seguir, no es la manera correcta de honrar la memoria de la gente que ha sido asesinada, que se ha peleado, que ha dado la cara para poder amar». Y nos dijimos, ‘pues no sigamos si ya no estamos enamorados’. Y esto fue superduro, porque eso lo arrastramos luego en el rodaje. Hasta que un día en el rodaje dijimos: «Ya fue. Hay que aceptar que ya pasó».
JC. El arte no puede ser cómodo, no puede no cambiarte.
JA. Esta película ha arrasado nuestra vida personal absolutamente, porque nos ha obligado a ser honestos con nosotros mismos, a hacernos preguntas, claro. Es una película que habla de no negarse.
P. ¿Y cómo queda ahora la relación profesional de Los Javis?
JA. Pues como hasta ahora. La mitad de La bola negra la hemos hecho separados.
JC. Es que somos los mismos. Igual es una relación más madura.
JA. Es mejor, porque así ya podemos tener huecos para no pensar en el trabajo. Antes estábamos siempre activos, ahora solo cuando estamos juntos.
JC. Ahora no nos peleamos, porque no tenemos ese derecho. Antes le echabas un poco la mierda al otro porque es tu pareja y te aprovechas.
JA. Yo ahora cuando veo que hay lío, me piro.
JC. Pero está guay, porque somos familia.
JA. Es un poco más limpio.
P. Desde un punto de vista estrictamente cinéfilo, nos tenemos que alegrar entonces por la separación.
JA. Sí, porque creo que nos va a ir mejor en todos los aspectos, incluida la salud mental. Ahora hay más espacio para el no trabajo.
P. Interesante. ¿Lo que está pasando en Cannes os ha hecho replantearos el futuro?
JC. Sí, porque igual el próximo proyecto es en inglés. Ahí lo llevas.
JA. Hemos dicho que no un montón de veces, pero después de ver la reacción a La bola negra en Cannes, sí que es nuestro momento. Veremos dónde va La bola negra, porque el viaje acaba de empezar, pero tengo la sensación de que ahora estamos preparados para hacer una película en Estados Unidos.
JC. Pero desde nosotros, como autores. Escrita, dirigida y producida por nosotros. Si se acepta, para allá iremos.
P. Entiendo que siempre juntos. ¿Os planteáis llevar la separación al terreno profesional?
JC. Ya trabajamos por separado en muchas cosas.
JA. En algún momento lo pensamos, pero cuando ves lo que conseguimos juntos… Es un poco lo que ya hemos dicho al principio, que tenemos que dar con la manera de encontrarnos en un punto medio. Nosotros hemos sido las dos Españas.
JC. Y lo bonito de la separación es que no ha sido una pelea.
JA. Ni traumático. Ha llegado el momento.
JC. Fue como una lucidez madura y responsable. Sentimos la necesidad de ser auténticos, de llevar la verdad por delante. Creo que crecimos como artistas con la separación.
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