Hemos recorrido el país con cientos de enfoques, desde su arquitectura milenaria hasta adentrándonos en los secretos de sus pirámides. También lo hemos hecho en sus mejores museos y en distintas épocas del año. Sin embargo, en esta ocasión, con EL PAÍS Viajes proponemos descubrirlo más allá de sus postales clásicas. Comenzarás entre los tesoros faraónicos de El Cairo y los colosos de Guiza, pero pronto dejarás atrás la gran ciudad para adentrarte en un Egipto poco transitado, hecho de oasis silenciosos, montañas minerales y desiertos que parecen no pertenecer a este mundo.
El país africano es un destino que siempre sorprende, incluso a quienes creen conocerlo
Hemos recorrido el país con cientos de enfoques, desde su arquitectura milenaria hasta adentrándonos en los secretos de sus pirámides. También lo hemos hecho en sus mejores museos y en distintas épocas del año. Sin embargo, en esta ocasión, con EL PAÍS Viajes proponemos descubrirlo más allá de sus postales clásicas. Comenzarás entre los tesoros faraónicos de El Cairo y los colosos de Guiza, pero pronto dejarás atrás la gran ciudad para adentrarte en un Egipto poco transitado, hecho de oasis silenciosos, montañas minerales y desiertos que parecen no pertenecer a este mundo.
El recorrido une arqueología, paisajes extremos y vida local. Desde el oasis del Fayum y sus templos olvidados hasta los oasis de Bahariya y Dakhla, cada etapa revela un capítulo distinto de un país que ha convivido con el desierto durante milenios. ¿Aún no conoces el Desierto Blanco? En él dormirás bajo las estrellas. En este viaje también caminarás entre formaciones de creta moldeadas por el viento y contemplarás la Montaña de Cristal al amanecer. En definitiva, vivirás experiencias que transformarán la idea que hasta ahora tenías de Egipto. Este viaje culmina en Luxor, el gran escenario del Antiguo Egipto, donde templos, avenidas sagradas y tumbas reales devuelven al viajero a la época en la que los faraones gobernaban el valle del Nilo.
Egipto, El Desierto Blanco y la Montaña de Cristaltendrá una duraciónde12 días y partirá desde España el próximo 18 de noviembre. ¿Quién estará guiando esta impresionante travesía por el país? Iosu López, videoperiodista, documentalista y narrador visual, cuyo conocimiento del país se remonta a 20 años atrás, y que cuenta con una trayectoria profesional impecable: en 2014 fue nominado al Premio Goya al Mejor Cortometraje Documental por La Alfombra Roja, obra seleccionada en más de 120 festivales internacionales. El cortometraje retrata la vida de Rubina Ali, la niña que saltó a la fama tras Slumdog Millionaire, y reflexiona sobre los contrastes entre celebridad y marginalidad, infancia e industria, sueño y realidad.
López también ha trabajado para la Agencia EFE en India, como reportero en Mochileros TV, formando a nuevas generaciones en producción audiovisual de viajes y en narrativas emergentes con la generación de vídeo con inteligencia artificial en la School of Travel Journalism; y, además, dirige Tsunami Digital, agencia de comunicación y estrategias de contenido, y es creador de Birratour, uno de los mayores encuentros de creadores de viajes en español. Su filosofía se resume en una idea: viajar como forma de ampliar la vida, porque —como recuerda citando a Martín Caparrós— “viajar es la mejor manera de engañar al tiempo”.
Desde su primer y clásico viaje a Egipto no ha dejado de conocer el país en distintas ocasiones, aunque siempre interesándose por las partes menos conocidas, fue así como descubrió el Desierto Blanco que, para quien lo desconozca, se ubica en la depresión de Farafra, a unos 45 kilómetros al norte de la ciudad de Qasr Al Farafra. El Parque Nacional del Desierto Blanco tiene la consideración de área protegida desde 2002.
“Tuve curiosidad por este desierto por una foto que vi, me parecía un lugar remoto al que era complicado de ir. Desde ese momento fui dándole vueltas y empecé a investigar sobre él. Vi que había una serie de desiertos y oasis en el sur de Egipto que eran totalmente desconocidos, no son lugares donde van las rutas, vamos a decir, turísticas más masivas. En el Desierto Blanco sí que hay algún tipo de excursión desde El Cairo, pero son viajes fugaces. A partir de ahí fui diseñando una ruta que parte de El Cairo y que termina en Luxor, atravesando varios desiertos y oasis, y llegando al Nilo, la parte más verde del viaje”, explica Iosu López a EL PAÍS Viajes. Y así fue como empezó a gestarse el itinerario que se encuentra disponible para todos los viajeros que quieran disfrutarlo.
El Desierto Blanco de Egipto: un viaje fuera de ruta hacia el silencio
Egipto cuenta con dos grandes desiertos, el occidental, que está situado al oeste del Nilo y llega hasta la frontera con Libia; y el desierto oriental que abarca desde el este del Nilo hasta el mar Rojo y el Golfo de Suez. Después tiene más zonas desérticas al este del país. En el desierto occidental es donde se ubican el Desierto Blanco y el Desierto Negro, el objetivo de este viaje. El Desierto Blanco es especial porque nos descubre —en un área de unos 300 kilómetros— un paisaje blanco debido a las rocas de tiza blanca, creadas por la erosión del viento y la arena, acantilados, dunas y un cielo estrellado como pocos en el mundo, gracias a la escasa contaminación lumínica.
“Son desiertos que no esperas encontrarte en Egipto, con unos contrastes alucinantes, porque, además del desierto y sus dunas, vamos a ver pequeños valles, zonas donde de repente hay formaciones geológicas o de minerales como la montaña de cristal, que son totalmente irreales dentro incluso de un desierto, cascadas, etc. Pero, sin duda, es inolvidable la vivencia de poder acampar con un cielo estrellado en un sitio sin contaminación lumínica”, subraya López.
Esto sucederá en el día siete del viaje, cuando el grupo de viajeros de EL PAÍS se adentren en la belleza del desierto para conocer, primero, las Nuevas Áreas Destacadas del Desierto Blanco, famosas por sus formaciones de roca de creta aún más vírgenes y dramáticas que las zonas tradicionales; la Fuente Mágica y el Antiguo Desierto Blanco (Old White Desert), donde se encuentran las icónicas formaciones de “hongos” y “animales” esculpidas por el viento. Aquí harán noche al calor de una fogata, una experiencia, que, sin duda, no dejará indiferente a nadie. “La experiencia de ver atardecer y amanecer desde lo alto de una duna es fascinante. Además, el desierto te brinda la oportunidad de alejarte del mundo, un mundo con sobrecarga de información y de entretenimiento. Por lo tanto, es una oportunidad de reconexión y silencio”, explica el periodista.

El itinerario de EL PAÍS Viajes: desde El Cairo hasta Luxor
El viaje se inicia en El Cairo, donde se realizarán varias paradas. Primero al Gran Museo Egipcio (El GEM), un hito cultural que promete enriquecer aún más nuestra comprensión de la historia y la cultura egipcia, y a la Ciudadela de Saladino que es una fortificación medieval de la era islámica en El Cairo construida por Salah ad-Din (Saladino) y desarrollada por los gobernantes egipcios posteriores. Fue la sede del gobierno en Egipto y la residencia de sus gobernantes durante casi 700 años, desde el siglo XIII al XIX. Aquí se encuentra la Mezquita de Alabastro, una mezquita situada en la parte más alta de la ciudadela de la ciudad.
Desde la ciudad se realizará una visita —siempre imprescindible— a la necrópolis de Guiza con las famosas pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos, la Gran Esfinge y el templo del valle del faraón Kefrén. Además, en este tercer día de viaje se añade el conjunto piramidal de Sakkara, dónde está la pirámide escalonada del faraón Zoser, y la Mastaba de Kagemni, una de las únicas mastabas que tienen escenas de la vida cotidiana del Egipto faraónico. Por último, la pirámide de Teti y la antigua ciudad de Memphis.

A partir de este momento del viaje, se inicia el preludio de lo que será la expedición por el Desierto Blanco. ¿Dónde? En el oasis del Fayum, ubicado a 100 kilómetros al suroeste de El Cairo. Se trata de uno de los oasis más grandes y antiguos del país, cuya característica principal es su fertilidad, ya que posee en su interior el lago Qarun, además, de curiosamente, yacimientos arqueológicos.
En el quinto día de viaje, se llegará hasta Wadi Al-Hittan, un impresionante sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, famoso por sus fósiles de ballenas prehistóricas. Después, se explorarán las dunas de arena de la región antes de llegar a Wadi El Rayan, donde se podrá disfrutar de un baño opcional en sus aguas. También se visitarán los Lagos Mágicos, conocidos por su color cambiante y la belleza del paisaje desértico circundante. Y, finalmente, se pondrá rumbo al oasis de Wahat Bahariya (oasis de Bahariya).
Antes de llegar a la comentada visita al Desierto Blanco, la aventura hace una parada en la Montaña de Cristal, un arco natural compuesto de cristales de cuarcita brillantes, para después partir hacia Aqabat, conocida por sus formaciones de roca blanca que recuerdan a hongos y animales, y, por último, a la Montaña Negra, conocida por su cumbre cubierta de rocas volcánicas oscuras.
Tras la noche en el Desierto Blanco, el viaje se dirige al oasis de Dakhla, uno de los siete oasis de Egipto en el desierto occidental o líbico, y al espectacular oasis de Farafra. Cerca se encuentra el Museo Badr, conocido por sus fascinantes esculturas de barro inspiradas en la vida local y la cultura beduina, el mercado Local de Farafra.

La ruta prosigue hacia el oasis de Dajla, que comparte espacio con el templo de Deir al-Hagar, un templo romano bien conservado dedicado a la Tríada Tebana (Amón, Mut y Jonsu), tumbas de Al-Muzzawaka, famosas por sus coloridos frescos y murales que datan de la época romana, el Qsar, un antiguo asentamiento medieval con arquitectura islámica y calles laberínticas, y la aldea de Al-Qalamoun.
En la última parte del viaje, antes de llegar a la ciudad de Luxor, habrá otras visitas fascinantes, como las que tendrán lugar a los oasis de Dakhla y Kharga cuyos principales atractivos son el templo de Hibis y la necrópolis de El Bagawat.
Finalmente, el viaje se centrará en Luxor, donde no faltarán los grandes imprescindibles: el Valle de los Reyes, la necrópolis de los faraones del Imperio Nuevo; el templo de Hatshepsut, el singular templo funerario aterrazado de la faraona Hatshepsut; los Colosos de Memnón; y el templo de Luxor, famoso por su belleza al atardecer y su conexión con el cercano templo de Karnak a través de la Avenida de las Esfinges. Todo ello culmina en el complejo de templos de Karnak, dedicado al dios Amón.
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