Bodas, buenos propósitos y otras cosas que te dan seguridad

<p>Apenas llevan un año saliendo, pero lo tienen claro. Se quieren casar. Mientras, sus padres -recién entrados en los 50- trastean en <i>apps </i>de ligar y huyen del compromiso como hace 20 años. La historia de <i>Todos los lados de la cama</i> -<a href=»https://www.elmundo.es/cultura/cine/2025/07/27/68837977e85ece45448b45b1.html»>tercera entrega</a> de aquellas míticas comedias de los 2000- podría parecer simplemente caricatura <i>por las risas</i>, pero no:<strong> el matrimonio ha vuelto</strong> entre los veinteañeros. Y hay un motivo detrás.</p>

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 La generación Z es más conservadora que sus padres, incluso los retos virales lo demuestran. Y todo responde a la misma razón  

Apenas llevan un año saliendo, pero lo tienen claro. Se quieren casar. Mientras, sus padres -recién entrados en los 50- trastean en apps de ligar y huyen del compromiso como hace 20 años. La historia de Todos los lados de la camatercera entrega de aquellas míticas comedias de los 2000- podría parecer simplemente caricatura por las risas, pero no: el matrimonio ha vuelto entre los veinteañeros. Y hay un motivo detrás.

Los datos muestran desde hace un tiempo que los zeta son más conservadores que sus padres: en la política, en la religión. Incluso beben menos. Y lo mismo ocurre con el amor: hace unos días contábamos en estas páginas que un 86% de los chicos de la generación Z asegura que se quiere casar; algunos ya lo están haciendo antes de cumplir los 30.

Todo responde al mismo impulso: aferrarse a algo estable en un mundo que se ha vuelto imprevisible. Una búsqueda de seguridad frente a la precariedad económica, las ansiedades, las relaciones superficiales.

Hasta un tonto reto viral puede tener esa lectura. Lo pensaba mientras leía en The Times otra conducta de la generación Z: «diciembre es el nuevo enero». Lo que tradicionalmente era un mes de fiestas y excesos es el momento para cumplir buenos propósitos bajo el hashtag tiktokero «Great Lock-In» (algo así como «comprometerse sin distracciones»).

Levántate a las cinco, lee 10 páginas de un libro cada noche, ve al gimnasio…

«Resulta difícil, pero así empezaré el año teniendo claro cómo quiero que sea 2026», exponía una influencer veinteañera.

La obsesión por el control y la vida sana también es consecuencia de estos tiempos líquidos de los que hablaba Bauman: «Incapaces de aminorar el ritmo vertiginoso del cambio, nos centramos en aquello sobre lo que podemos influir».

Y cada vez el ritmo del cambio y la incertidumbre son mayores. Hay una anécdota de Caitlin Moran que ilustra bien el choque generacional. Analizando este mundo en crisis permanente (crisis de 2008, Brexit, pandemia…), la periodista repetía durante una charla la coletilla «cuando todo vuelva a ser normal».

«No entiendo. ¿Qué es para ti lo normal? ¿Qué es eso a lo que volveremos?», le planteó un chico.

A un tiempo en el que era posible pagar un alquiler en el centro, en el que casarte, tener hijos y comprarte una casa eran proyectos de futuro factibles… Un tiempo que ellos nunca han conocido.

Entonces, Moran lo vio claro: «Los zeta nunca vivirán tan bien como yo». Eso que considerábamos «lo normal» es anomalía desde hace casi 20 años.

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